EL BAILE DEL AHORCADO
El final del carrasquismo
Llegaron como perdedores y... ya saben como acaba la historia: los últimos serán los primeros, y así fue, sobre todo en estos tiempos apocalípticos en los que los cambios, demasiado rápidos para poder asimilarlos con nuestra pobre perspectiva temporal, hacen que el futuro pierda su sentido. Después de todo lo visto, podría decirse que el carrasquismo murió definitivamente el sábado en el hotel Auditorium. Lo hizo cuando los compromisarios sorayistas de León hicieron mutis por el foro y ni siquiera esperaron a que Pablo Casado se pusiera los galones, o la muesca, que la realidad —el ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve— es fruto de la manera en la que las circunstancias de cada cual le hacen enfocar el mundo.
Este PP que acaba de amanecer habla de renovación, pero —la juventud no es sinónimo de ingenuidad— se las tendrán que tentar tiesas. En Castilla y León, para empezar, donde todo parece indicar que habrá bicefalia, que Fernández Mañueco no luchará por el gobierno de la Junta y tendrá que seguir aspirando a alcalde, que será Isabel García Tejerina la que se pondrá a los mandos de una nave a la que las encuestas hacen perder más de diez procuradores. Los tambores de guerra se esperan para octubre, demasiado pronto, demasiada quina. ¿Y en León? Aún se recuerda el ejército de interventores que el regidor charro se trajo para, según unos, controlar y, según otros, amedrentar. Esa noche hubo muchas caras de satisfacción que hoy barruntan niebla en el horizonte.
He leído en algún sitio que todos los compromisarios natos votaron sorayismo y que otros tuvieron que mostrar ambigüedad para hacerlo por Casado, dicen que el Iznogud zamorano maniobró hasta el final, dicen...
... que Antonio Silván dijo en una ocasión que él también sabía dar golpes sobre la mesa. Esperemos. Aún tenemos que ver qué pasará con los que siempre encuentran la manera de moverse para no hacerlo. Salir en la foto durante los últimos cuarenta años no es fácil. Dicho de otra manera —Rajoy’s way—, es muy difícil. Esperemos a ver quién se pone en la próxima.