SOCIEDAD
«Gala quiso estar a la sombra de Dalí»
Una habitación no tan propia. El médico y psicoanalista leonés Luis Salvador López Herrero cuestiona la atribución a Gala, la esposa de Dalí, la categoría de artista y cocreadora de la obra daliniana. El autor de ‘La cara oculta de Salvador Dalí’ conoció a la pareja en Cadaqués a finales de los 70
Los vestidos de Gala en la exposición del Museo Nacional de Art de Catalunya. ENRIC FONTCUBERTA
«Moi non plus (yo tampoco)», contestaría Gala, de manera tan misteriosa y daliniana como fue ella, si alguien le preguntara si se considera una artista. Es lo que piensa el psicoanalista leonés Luis-Salvador López Herrero.
Helena Dmitrievna Diakonova, Gala, (Kazán, 1894 - Portlligat, 1982) es sin lugar a dudas un personaje clave de las vanguardias. Compañera de Dalí y antes del poeta Paul Éluard, admirada unas veces, otras olvidada, cuando no denostada, sin ella el tablero de juego surrealista aparece incompleto.
Los cuadros de Max Ernst, las fotografías de Man Ray y Cecil Beaton y sobre todo las obras de Salvador Dalí que se presentan en Barcelona, son mucho más que retratos: conforman un recorrido autobiográfico a través del cual Gala imaginó y creó su imagen en una especial performance avant la lettre.
Así se presenta la exposición Gala Salvador Dalí, una habitación propia en Púbol, abierta hasta octubre en el Museo Nacional de Art de Catalunya, en colaboración con la Fundació Gala Salvador Dalí, y comisariada por la prestigiosa Estrella de Diego.
Una exposición que reivindica a Gala más que como musa, como artista y coautora de algunas obras de Dalí sobre todo en su última etapa, cuando el artista firmaba con el nombre Gala Dalí.
A finales de los años 70, Gala era una «mujer octogenaria llena de arrugas pero que mantenía todo el poderío sobre el artista», afirma Luis-Salvador López Herrero. Es la imagen que le quedó grabada a aquel jovenzuelo y futuro médico y que muchos años después trasladaría a su libro La cara oculta de Salvador Dalí, donde somete a un análisis de diván a uno de los artistas más icónicos del surrealismo.
Al hilo de la exposición, el psicoanalista pone en duda el discurso feminista que en su opinión imprime Estrella de Diego a la figura de Gala.
«Que Gala supuestamente fuera una artista, es algo más que cuestionable y, desde luego, que ésta, como mujer, deba ser considerada ahora como baluarte artístico del nuevo feminismo, es una hipótesis que roza con la ingenuidad, el interés comercial o ideológico, o el desconocimiento acerca de lo que, en principio, esta mujer pretendió abanderar a lo largo de su vida», subraya.
Frente al discurso expositivo que «descubre una Gala que se camufla de musa mientras construye su propio camino como artista», sostiene López Herrero que «Gala fue una mujer decididamente entregada a los personajes masculinos; estaba en ello, quizá, una huida de sí misma».
«En esa búsqueda imperiosa por salir de su desdicha y miseria personal, supo encontrar a un personaje atrapado en un fantasma singular, que precisaba para existir de la presencia constante de una mujer», añade.
Está seguro de Gala intuyó esta dependencia en su primera visita a Cadaqués y «supo adoptarlo de la manera más sutil y conveniente para ella». Todo ello sin dudar que Dalí «jamás, por mucho que sus relaciones se volvieran cada vez más tormentosas, creyó poder vivir sin ella».
Gala fue el «elixir vital» del artista, su Galarina, añade. Hasta el punto de que recuerda que cuando conoció a la pareja su único temor es que «ella le abandonara en cualquier momento».
«Que esto pueda ser visto como el hechizo que la musa Gala ejerció sobre el artista, bien podría ser, pero, en ningún caso, esta fascinación daliniana y su decidido trabajo pictórico, perseverante y de limpia como incansable pincelada, puede ser entendido como una faceta artística de ella», subraya.
A los ojos del autor de La cara oculta de Dalí, el símbolo Gala Dalí fue «el acto más auténtico, de amor, generosidad, entrega y reconocimiento, que el pintor tuvo hacia esta dama y lo que ella representaba: su sostén y muleta esencial».
Pero más allá de lo que pensara Dalí, ni siquiera cree que Gala viera con agrado verse reflejada como artista. «Siempre quiso estar a la sombra de Dalí, que fuera él quien trabajara, expusiera, disertara y complaciera a la audiencia con sus veleidades y fanfarronadas, difundiendo también miles de teorías a propósito del ‘Divino Dalí’». «Ella, siempre en penumbra, bien resguardada, misteriosa, pero con un control férreo del producto Gala Dalí, su empresa, mientras le insinuaba con una sonrisa tenue: «Hazme un cuadrito».