CORNADA DE LOBO
Disimular el robo
Qué brutos... si los romanos hubieran tenido la maquinaria y las ínfulas de Victorino, las Médulas les hubieran salido quince veces más grandes. Aún así, ese cieloabierto que aquí plantó Roma todavía pasma, aunque otro efecto nos haría si viéramos cómo de roto, de feo, árido y montonero dejaron todo esto los romanos tras abandonar la mina; sólo los siglos e inclemencias fueron tallando ese paisaje que ahora nos parece guapo porque la vegetación se fue haciendo cobertor piadoso tapando en lo posible ese cadáver, la fechoría, la enorme descarnadura de monte robado. Si lo viéramos tal cual fue en su día, nos espantaría tanto su criminal feúra de aridez devastada, que saldríamos corriendo a denunciarlo al Seprona pretoriano con base, creo, en Astúrica Augusta, Astorga para el turista con guía.
Para que el lector se haga una idea, Peláez dice que pudo ser algo parecido a la horrenda cantera que está frente a las Médulas, «Catisa», esa herida bárbara que nunca restañará y será eterna postilla sin que le crezca ni el musgo al ser monte de piedra pizarrosa, esquistos y no arcillas de aluvión como la mina romana. En fin, es ese espanto que se cuela en toda foto chafando el espectáculo y la dignidad paisajística, cantera criminal que durante años despreció a jueces y sentencias porque tenía un dueño lubricante y «empalmao» como si fuera el duque Urdangarín, ¡qué bien untaba el tío!... oye, tú, ¿cómo se llamaba?... si, hombre, que tuvo incluso la desfachatez de ser miembro del mismísimo Patronato de Las Médulas para seguir injuriándolas con su negocio picapedrero, aforando lo pertinente -ja, payo- y regalando tapabocas a diestro... y algo a siniestro... sí, coño, ¿cómo se llamaba?... ¡lo tengo en la punta de la lengua de maldecir!...
Y como ahora exponen las ideas de un concurso convocado para restaurar o intervenir creativamente en ese horror disimulando su robo y daño al ojo y alma, Peláez recordó ufano que esa solución se propuso hace ya quince años en esta columna, pobre púlpito de popa, reiterando también lo mismo para tantas otras fechorías mineras.
Arte contra el crimen feo. Nos vale.