RETRATOS CALLEJEROS
Los músicos que hacen melodías tocando el aire
El sonido del theremin es lo más parecido a escuchar la voz humana y violines. Para tocarlo, lo único que tiene que estar bien afinado es el oído. Así describen los dos leoneses que construyen melodías y ofrecen conciertos con un instrumento que suena al tocar el aire. El sonido sale de la nada, de las ondas no visibles en el espacio. No son raros, son amantes de un instrumento musical que no tiene plaza en los conservatorios. Sus defensores son autodidactas. Los dos músicos leoneses ofrecen conciertos con este inusual instrumento.
Raúl Flecha (izquieda) tiene 35 años. Aprendió a tocar el piano en el Conservatorio de León. En su estudio, repleto de teclados, colecciona modelos de theremin que ha comprado en internet. El precio de mercado de estos instrumentos está entre los 300 y los 8.000 euros. Algunos ya no se fabrican. Raúl, que da clases de piano y pertenece al grupo de rock ‘Top Lider’, guarda como oro en paño algunos ejemplares.
El theremin es el único instrumento que suena sin tocarlo. Los incrédulos lo reconocerán si piensan en las películas del espacio de los años 50 y 60. Si soñamos con una invasión de extraterrestes seguro que la batalla de esa pesadilla onírica estaría acompañada por el sonido de un theremin, el instrumento electrónico inventado por el ruso Leon Theremin, que también descubrió el mando a distancia. «Tocar este instrumento es lo más parecido a cantar. El cerebro busca los tonos en la garganta y los encuentra. Nosotros buscamos los tonos en el aire y los encontramos», asegura Raúl.
A cualquier edad
El theremin tampoco tiene ningún secreto para Luis Mendaña, de 71 años. Descubrió este instrumento hace 8 años y desde entonces ha dedicado sus esfuerzos a conocer en profundidad sus secretos, lo que compagina con la dirección de la coral Torreblanca. Mendaña ofrece conciertos de melodías clásicas con sonidos de theremin, algo poco habitual ya que los aficionados a este instrumento lo utilizan para conseguir efectos especiales. «Doy conciertos con partituras clásicas porque se pueden adaptar las grandes obras clásicas, pero que no sean muy rápidas. Es el único freno que tiene este instrumento, que no se pueden hacer melodías rápidas». Tras un año de estudio, compró las piezas y montó el instrumento. «Lo monté y empecé a practica. Aquí en León no se pueden comprar, hay que pedirlo por piezas en internet».
Su afición y su deseo de conocer más en profundizar a un instrumento que le ha cautivado lo empuja a prepararse con los grandes. Ha asistido a cursos con la rusa Lydia Kavina, sobrina-nieta del inventor Leon Theremin, Carolina Eyck (alemana), Thorwald Jorgensen (holandés) y Thierry Frenkel (francés) Los tres primeros son los mejores del mundo, y el último es el que más sabe desde el punto de vista técnico, es ingeniero electrónico.
Si los lectores no han tenido la suerte de asistir a uno de los conciertos de estos dos leoneses, pueden reconocer el sonido de este instrumento en películas como Ultimátum a la tierra (1951). Tim Burton recuperó el sonido en cintas como Ed Wood (1994) o Mars Attacks (1996).