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GARCÍA TRAPIELLO
León

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Mecánica sencilla, señor Aznar: el compareciente tiene la obligación de decir la verdad; y si no la dice, la calla o la dobla en mentira estará metiendo la pata en el caldero del perjurio: lo peor, la mentira, eso que en los parlamentos de países repetables jamás se perdona. Y a la mierda Nixon, a la mierda Clinton y ya va siendo hora de a la mierda Trump, sobradito de méritos él.

Es obligatorio decir la verdad porque quien espera la respuesta es nada menos que el pueblo español ahí representado, pueblo soberano y ninguneado que tiene todo el derecho a exigir la verdad. Y lo contrario sólo es burla o insulto. Y quebranto de ley. En estas se lució ayer el «señor» Aznar ante los señores congresistas interpelantes que esperaban aclaraciones sobre la financiación guarrindonga del PP.

¿Y cuántas veces dijo Aznar no conocer a Correa, ni tratarle, ni darle cordel?, ¿treinta veces, cincuenta?... mil, si hubieran sido necesarias; no dejó de hacerlo a toda pregunta; ¡cuánto empecinamiento en negarlo!... «no conozco a ese señor»... y su enjuta cara se volvía de hormigón armado. La adopta siempre todo pillado in fraganti, aunque las evidencias no dejen de darle sopapos, los que ayer iban en las preguntas de sus señorías: ¿no fue Correa a la boda de su hija con Agag, no pagó gastos de aquel fasto escurialense, no montaba su agencia los viajes de su familia?... Y Aznar, que no (coño), que no, que «era la boda de mi hija, no era yo quien se casaba» (normal, un padre nunca se interesa por los invitados que van a papear a su cargo).

Maravillada, España quedó atónita. Según Aznar, Correa debió colarse en esa boda, aunque pavoneara tanto su presencia; y si pagó los fuegos artificiales será porque es un tío espléndido que va tirando por ahí dineros y cuetes.

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Sócrates recuerda que antes se decía «mintió como un bellaco» y que vio a Aznar como tal, bellaco de diccionario: ruin y perverso... pero lo que le aterró fue ver que Aznar y su señora Mentira llegaran al Congreso escoltados por la plana del PP, toda risueña, Casado exultante, triunfal. En sus caras se leía el alborozo: ¡papá ha vuelto!