Diario de León
Publicado por
GARCÍA TRAPIELLO
León

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Manda ese titular de prensa que nos vayamos todos al rincón de pensar: «Los alumnos no asocian el trabajo duro con el éxito, según el informe PISA». Sólo un 30% de los estudiantes españoles cree lo contrario, que hay que pencar, hincar el codo... o el éxito será infiel, huye.

Nada nuevo. Como a nosotros, a estos bastardillos también les destetaron con fuero viejo: «más vale onza de trato que arroba de trabajo», más vale un amaño que echar redaño, más vale un padrino que cuarenta primos... y como «los hijos no obedecen, imitan», los mayores fueron y somos su mejor coartada, espejo en el que ven, por ejemplo, que si tienes pariente funcionario es muy fácil que tengas alguna ventaja en oposiciones que a menudo se quedan en composiciones, toma y daca y te debo una... o que si entras en un partido ya en las juventudes sabiendo pelotear y aguardar el momento, será difícil que no huelas pronto un carguín, carguete o cargote, aunque acabes tu formación por los pelos y remes con un titulillo que siempre podrás engordar con un máster ful que niquele tu perfil en redes (y tu mediocridad será tu garantía porque así no inquietas)... y si no, siempre te quedará el balón o el espectáculo mediático donde se pesca fama y dinero siendo nadie, pero gracioso, chulo, cachas, ocurrente, desbragada o corrosivo... cada escaparate que hoy ves está lleno de dinero fácil, lujo extravagante, mindundis forrados y tetas de oro... ¿a qué esforzarse más?... que lo hagan los pobres, no les queda otra.

Así las cosas, ¿cómo no emocionarse con la dedicatoria de Peridis en su última novela, «La reina sin reino»?...

«A la memoria de Teodosia y Froilán, mis padres, que como muchas otras familias que conocimos en los tiempos de posguerra, nos educaron con su ejemplo diario en el amor a la tierra y a la familia, en la cultura del esfuerzo y en los valores de la austeridad, laboriosidad, generosidad, responsabilidad, honestidad, espíritu de sacrificio y valor de la palabra dada. Además, nos enseñaron a soñar mirando al cielo estrellado y, para abrirnos un porvenir, sufragaron nuestros estudios hasta el límite de sus posibilidades».

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