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León

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«La vejez llega sí o sí. La vida se alarga y no quiero ser una carga para mi hijo», afirma Josefina Abella. Esta mujer oriunda de Cistierna que emigró a Madrid en su juventud es firme partidaria de tomar las riendas de la vejez igual que del resto de la vida. Aparte de la autonomía y la previsión de futuras situaciones, es «un acto de amor a los hijos», precisa. Al contrario de lo que sucede en generaciones anteriores, en que se esperaba que los hijos y, sobre todo, las hijas cuidaran de sus padres y madres, en esta nueva filosofía —que es vieja en muchos países europeos— se plantea la vejez como una etapa de la vida que hay que gestionar con la misma independencia que las anteriores, sin estar a expensas de la familia más cercana. Este planteamiento también viene favorecido por la mayor esperanza y calidad de vida de las personas en la tercera edad. «Mientras esté bien, entro y salgo y voy donde quiero», subraya. Cuando no pueda no tendrá que dejar su casa de forma brusca ni ser su hijo quien decida a dónde llevarla en caso de que fuera necesario. «La vejez llega sí o sí y si te mueres se acaba todo».

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