Publicado por
CORNADA DE LOBO GARCÍA TRAPIELLO
León

Creado:

Actualizado:

C uánto se tocan los extremos políticos y cuántas veces se parecen tanto. Cuando inventaron la Falange, por ejemplo, eligieron al principio uniforme de camisa roja y pantalón negro, los dos colores emblema de anarquistas y libertarios, camisa roja falangista que duró nada y acabó en azul mahón, tan popular entonces (y después) y tan sindicalista (¿no iban de «juntas de ofensiva nacional sindicalista», JONS y la santa FE?), aunque el rojo, sin embargo, ya no pudo apearse de su bandera, así que de lejos, flameando, se confunden los trapos del fascismo español y el anarcosindicalismo ibérico como si fueran al mismo sastre su furia roja y su noche oscura.

Los polos opuestos se atraen. Los extremos se tocan. Y a veces esos roces, como los besos, «no hacen hijos, pero tocan a vísperas».

¿Cuántos ejemplos no se ven en políticas o culturas de gente que es en sí misma los dos extremos viviendo hoy en las antípodas de lo que predicaban o combatían en su juventud?... (aquí siempre citan a Jiménez Losantos, Sanchez Dragó o, al contrario, Vestringe).

Los extremos políticos se imitan y en sus catecismos figuran las mismas técnicas de agitación o siembra de miedos; y en sus ganas de cambiar lo establecido legitiman sin dudarlo la acción violenta, pues el extremista es de suyo belicoso al no creer en los políticos ni en su paz de componendas, sino en la acción directa, en el asalto a los cielos o a un palacio de invierno. Se imitan. Véase la técnica de redes que agilizó la expasión de Podemos, ¿no es la misma que ahora utiliza Vox aunque sus abuelos cebolleta no tengan guasap? y ¿no es así como se logra que un militante andaluz de Izquierda Unida confiese públicamente que cambió su voto por ellos?... Si Muñoz Seca decía «Los extremeños se tocan», no te cuento los andaluces, dice Peláez.

Cargando contenidos...

Sin duda los extremos son irreconciliables en todo lo sustancial, pero su parecido en las formas les identifican en una zona común de confort: su odio a lo blando y a su vecino inmediato antes que al lejano. Y a los dos les viene de perlas la sentencia evangélica que vomita a los tibios.