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Doménech: «No existe el ‘ser viejo’ sino el ‘ser envejeciendo’»
Blanca Doménech. DL
Sostiene Blanca Doménech que no existe el «ser viejo» sino «el ser envejeciendo» y que este matiz en el lenguaje que plantea el psicoanálisis establece la frontera entre las diferentes y variadas vejeces que se dan según cada persona y la marginalidad en la que la sociedad coloca a los ‘viejos’.
La vejez entre el reconocimiento y el olvido es el título de la conferencia que ofrece hoy la psicoanalista Blanca Doménech en el salón de actos del Ayuntamiento de León (entrada por Alfonso V) a partir de las 19.00 horas.
Dentro del quinto ciclo de ‘Tertulias: Pensamiento, Actualidad y Psicoanálisis’ la experta aborda los estigmas y estereotipos asociados a la vejez a partir de categorías físicas como las canas o las arrugas o de la edad y la jubilación.
La psicoanalista expondrá cómo la sociedad rehúye del término «vejez» y lo «suaviza» con el uso de eufemismos como «tercera edad, personas mayores, edad dorada, el otoño de la vida». Y es que «ser viejo», añade Doménech, «remite a pérdida, inutilidad, dolor, finitud y muerte».
«La vejez queda expulsada de la vida o al menos ubicada en los bordes de la misma, en la marginalidad. Quizá esa sea la razón por la que tratamos de esconderla bajo términos menos duros», apunta.
De hecho, la vejez es objeto de una discriminación que el gerontólogo Robert Butler definió hace 50 años como ‘edadismo’ y es equivalente al racismo o al sexismo. «Esta forma de discriminación utiliza el físico como elemento de evaluación», explica. Todo «gira en torno al cuerpo, la enfermedad, la falta de belleza, los síntomas, el declive…. Apenas hay otra narrativa».
En este sentido, señala que al perder su valor social, el «ser humano viejo», «es marginado de la vida común, del circuito del deseo» y «se transforma en una especie de sujeto en suspensión», «sin proyectos y sin futuro» y «a quien nadie escucha».
El viejo se convierte, a los ojos de la sociedad, «sólo un cuerpo en decadencia y una carga social». Pero la realidad es que «es una persona concreta, con una historia personal y una realidad peculiar». Solo si se le escucha, como hace el psiconálisis, subraya Blanca Doménech, se percibe esta singularidad.
Por tanto, como la vejez «no es un estado, sino un proceso inacabado de subjetivación», «debemos ser menos críticos con el propio cuerpo y sí más críticos con los estereotipos y prejuicios sobre la vejez», concluye.