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GARCÍA TRAPIELLO
León

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Medio siglo bien logra un resumen realista de un lugar y el Hostal de San Marcos -en castizurro, el Hostial- lo ha hecho con suficiente intensidad en su papel de seña hotelera y cosmopolita de toda una ciudad que ahí pasó con sus ceremonias propias o vio pasar lo que de lejos llega y siempre se va: próceres, estadistas, lumbreras, artistas, premios Nobel, cantamañanas, canallas de cupo y guiris de todo punto cardinal... puro elenco de la Humana Comedia.

En los años 70, este hotel al que nadie llamaba aún parador, era privativo de gente rica, pero también de algún obrero del ocio como aquel belga que invariablemente acudía cada año por junio alojándose una semana. Era un empedernido pescador, afición que le colmaban los 3.000 kms. de ríos trucheros leoneses de los que entonces alardeaba la propaganda turística. Aquel belga, tipo del montón, traía un vulgar coche ranchera de un color que había que adivinar bajo capas de polvo y barro, ¡granate!, y cuya baca alojaba no menos de diez cañas en largos tubulares.

Salía bien madrugado cada día a pescar en cotos o tramos libres tras recoger en recepción una bolsa que le tenía preparada el hotel con los víveres de la jornada: dos bocadillos, fruta, cerveza y refresco, lo que significaba que comería en el río y que no se le caería un puto duro en la hostelería provincial. Regresaba ya anochecido sin perdonar aquellos «serenos» trucheros tan fecundos... duchita, cenita guapa en el «relais»... y a pierna suelta hasta la seis. Lo curioso era su arreglo con el hotel: le compraba toda la pesca que traía (entonces el cupo eran veintitantas truchas) pagándoselas al precio de mercado (entre dos y tres mil pesetas kilo), así que al director del Hostal, mi querido Enrique, no le quedaba más remedio que bufar a la hora de hacer cuentas, ya que el hospedaje no solo le salía gratis al mamón, sino que además tenía que pagarle un buen resto, ¡cuánta trucha acarreaba!... ¿puede haber mayor lujo que alojarte en hotelazo monumental, dedicarte a tu pasión en ríos privilegiados y volver a casa siempre con dinero?, ¿no sería fábula hoy?... pues fue anteayer.

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