Diario de León
Publicado por
GARCÍA TRAPIELLO
León

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Mal iremos si sacamos de las cunetas las palabras bien sepultadas antes que los muertos mal enterrados, las palabras que arman el lenguaje íntimo o secreto de este país, y no es el español propiamente, sino el cabronés, idioma ideal para el viejo cainismo excluyente o pistolón.

Para orgullo propio y chincharrabia ajena, el cabronés tuvo su cuna parlamentaria en ciertos valles de mala avenencia de esta Montaña... y su dialecto, el joputés, es más propio de la Ribera.

El cabronés se hizo universal porque no requiere diccionario propio y se habla en cualquier lengua; en sí no es idioma distinto, sino modo distinto de trenzar o enredar las palabras para convertir lo falso en probable y la media verdad en verdad enorme, y llámalo Gramática Parda, en la que cualquiera puede doctorarse ya en el patio del colegio. No sorprende, pues, que la lengua más usada en este hoy de redes enredadas sea lógicamente el cabronés, muy indicado para resucitar los viejos fantasmas más feos y soltarlos por ahí a sembrar miedos... o pánicos, si nos vienen además con banderita nacional, escudito futbolardo, influencer avieso o siglas de banca pocha.

En ello estamos. Necesitamos ideas lapidarias y citas simplistas como munición afilada; la gente urge disparar contra algo o alguien porque está nerviosa, la situación se complica, la confusión reina, el pillaje virreina... y el señor ministro se debe al consejo de administración donde un día acabará.Así las cosas, ¡¿ánde iremos a dar, señá Fidela?!, pues el peligro de esta era digital es que todos tienen un «con qué» (móvil-caseta-tiro) y tanto que largar o rebotar, que no hallan tiempo ni oreja para oír y mucho menos atender a los otros o a contrarios o al mundo que creen lejano o ajeno.

Esta sordera global es la madre de la intolerancia y de los fascismos donde el otro no existe, no importa y, además, sobra. Es tiempo de ideas fulminantes que recogen firmas y likes. Y así explica Sócrates el engorde de totalitarismos, derechas cerriles, supremacismos furiosos... o jenízaros en Casas Blancas y abencerrajes en el Kremlin (por no hablar de aquí y del voxear).

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