Retratar el Sol a 42 millones de kilómetros
Solar Orbiter usará un escudo térmico de titanio y huesos para acercarse al astro rey lo más posible, una distancia que es gigantesca en medidas terráqueas y muy corta en el universo.
Un avión vuela durante el atardecer de Zagreb (Croacia). ANTONIO BAT
noemí g. gómez | madrid
El Sol parece un disco amarillo de brillo constante pero la realidad es más compleja: emite altos niveles de radiación, tiene un gran número de manchas y expulsa de manera violenta partículas que eventualmente podrían llegar a la Tierra. Pero, ¿cómo genera toda esta enorme actividad?
La Agencia Espacial Europea (ESA), en colaboración con la Nasa, va a tratar de dar respuesta a esta y otras preguntas gracias a Solar Orbiter, la misión que fotografiará el Sol desde más cerca, a 42 millones de kilómetros, con un escudo térmico hecho de titanio, fibra de carbono, mantas térmicas e incluso un recubrimiento de huesos animales para soportar temperaturas de hasta 500 grados.
Solar Orbiter, con participación científica, académica y empresarial española y equipada con antenas, detectores, sensores y nueve telescopios, será lanzada al espacio en febrero de 2020 desde Cabo Cañaveral, EE. UU., y llegará a su destino dos años después, para lo que empleará la asistencia gravitatoria de Venus y la Tierra.
En la actualidad, la misión está en unas instalaciones en Alemania, a las afueras de Múnich, en un ensayo de pruebas ambientales, al que le seguirá uno de parámetros electromagnéticos.
Solar Orbiter, que acumula tres años de retraso por sus dificultades técnicas, «está ahora más que lista para ser lanzada», ha asegurado en rueda de prensa el jefe de proyecto, César García.
El Sol presenta un ciclo de unos once años en el que su actividad magnética varía entre un mínimo y un máximo, y en la actualidad nuestra estrella está en un mínimo solar, pero, cuando está en su máximo de actividad magnética, expulsa grandes cantidades de material y muestra un gran número de manchas solares que se aprecian como zonas más oscuras.
Estos cambios de actividad tienen un impacto gigante en el espacio interplanetario, ya que el viento y las tormentas solares están determinadas por estos, pero también puede afectar a la Tierra.