CORNADA DE LOBO
«Ya hemos pasao»
Lo cantó aquí hace semanas Peláez al conocer el lema socialista «Haz que pase», que por equívoco podría invitar a gafe, pues vino la derecha por su derechita y les pasó derechonamente en ese Madrid que parece su invierno. Lo cantó entonces Peláez replicando la voz de pito de Celia Gámez en aquel «Ya hemos pasao» de 1942, chotís para mofarse del rocoso «No pasarán» con que logró Madrid resistir tres eternos años el asedio de Franco.
¿Peláez dio ideas?... pues le acabaron copiando, ya que tras la jornada electoral corean ese chotís los de Vox para burlarse de Carmena, a la que meten con coz y «de hoz» en aquella letra que decía «Era en aquel Madrid de hace dos años donde mandaban Prieto y don Lenín; era en aquel Madrid de la cochambre, de Largo Caballero y de Negrín; era en aquel Madrid de milicianos, de hoces y de martillos y de soviets; era en aquel Madrid de puño en alto donde hablaban todos a la vez»... para concluir con lo de «¡Ya hemos pasao!, decimos los facciosos. ¡Ya hemos pasao!, gritamos los rebeldes. ¡Ya hemos pasao!, y estamos en el Prado, mirando frente a frente a la señá Cibeles. ¡Ya hemos pasao!»...
Octavito pregunta «de qué se ríen, si no sacaron lo que vaticinaban los sondeos y menos aún lo que ellos creían... ¿pasao?... ¡pasito atrás, salao!... con tres concejales cruzando el Rubicón-Manzanares solo les da para esperar que les inviten a un «pasad, que cenáis»; de hecho ya se les ha puesto cara de cuchara y no apean la servilleta anudada al cuello exigiendo su dieta calórica a cambio de la llave o de dos cromos».
Sócrates volvió al pronóstico que hizo hace un mes: «Vox ya tocó su propio techo, ahora le toca restar». España no está histérica aún para una extrema derecha (mieu, fíu) que campe como en Francia donde tuvo que esperar treinta años para tocar pelo rizado. El cabreo del electorado quedó en rabieta y, tras ella, han devuelto el voto a su querencia popular... ¡como en casina de uno!... y Vox habrá pasao, pero solo al zaguán de la componenda o del chantaje floreado. Ahora toca ruido, pillar... y tocar los cojones todo lo posible.