AARON BROWN | Ingeniero humanitario, profesor de la metropolitan State University of denver

«Necesitamos que los ingenieros de León se involucren con las comunidades vulnerables»

El ingeniero humanitario, Aaron Brown, durante su participación en el congreso en León. DL

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carmen Tapia | león
León

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El ingeniero Aaron Brown aprovechó su participación en León en el Congreso de Cooperación Internacional, invitado por el vicerrectorado de Relaciones Internacionales, para establecer vínculos con los ingenieros de la Universidad de León y concienciar a los estudiantes las carreras de Aeroespacial y Mecánica de la necesidad de dirigir sus pasos hacia la ingeniería humanitaria para ayudar a la población más vulnerable. Brown ha liderado proyectos de ingeniería aeroespacial para la Nasa, como el diseño del mecanismo de aterrizaje para el Mars Science Laboratory Rover Mission AKA Curiosity, así como trabajos de diseño mecánico para Hubble Robotics y en las Global Precipitation Measurement Instrument Missions. Además, ha trabajado en el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estado Unidos, con equipos de prueba para medir las relaciones de tensión y rendimiento de superconductores. Desde hace varios años dedica su actividad docente e investigadora a la ingeniería humanitaria. La comunidad científica lo reconoce como uno de los mayores expertos mundiales. Fue nombrado Community Game Changer por el Canal CBS Denver y fue galardonado el año pasado con el premio a la Paz Martin Luther King Jr. 2017, que reconoce el trabajo «por el bien común» otorgado por sus esfuerzos para promover la justicia social y la paz a través del desarrollo de capacidades en comunidades vulnerables. Tras su estancia en León, viajó a Grecia para trabajar con estudiantes estadounidenses para mejorar las condiciones de los campamentos de refugiados.

—¿Qué es la ingeniería humanitaria?

—La ingeniería humanitaria trata, en esencia, de resolver problemas que tiene la gente en situaciones vulnerable. Es muy amplia e incluye proyectos a pequeña y gran escala. Suele estar relacionada con el agua, la energía, la seguridad alimentaria, el refugio, así como cualquier tema esencial que puedan facilitar una vida próspera y de calidad .

—¿Cuál fue su motivación para acabar como experto en ingeniería humanitaria?

—En el pasado trabajé en varias áreas y ámbitos de la ingeniería, como ingeniero mecánico. Trabajé en tecnología avanzada en relación con los super conductores o en temas aerospaciales para la Nasa, donde, por ejemplo ayude en el diseño del mecanismo de aterrizaje del Mars Rover y siempre fueron trabajos muy gratificantes. Durante toda mi visa he viajado de manera continua y me he dado cuenta de que hay mucha gente (de hecho, resulta ser la mayoría en el mundo) que vive en unas condiciones realmente duras. Se me ocurrió que las habilidades de las que yo disponía, y que las había aplicado hasta entonces en cosas que beneficiaban a sólo una parte del planeta, podían aplicarse para mejorar las condiciones del resto del mundo y así comencé a trabajar en el campo de la ingeniería humanitaria.

—¿Qué diferencias encuentra entre la ingeniería humanitaria y la ingeniería civil?

—Cuándo decidí regresar a la universidad para realizar mi doctorado me centré en la ingeniería humanitaria, pero, de hecho, lo hice desde el programa de ingeniería civil. Mientras todas las ingenierías se centran en mejorar la sociedad a través de soluciones creativas a los problemas, la ingeniería humanitaria se dirige especialmente en que estas soluciones mejoren las condiciones de las personas vulnerables.

La mayoría de ingenieros civiles trabajan en infraestructuras para el bien de la gente: juegan un papel esencial en el diseño de puentes, carreteras, tratamiento del agua, etc., la mayoría de la ingeniería está centrada en ese sector de la sociedad. El ingeniero humanitario se dirige a la otra parte de la humanidad. Es para gente que no tiene acceso a agua limpia, electricidad, cobijo decente. Para esa gente, que vive día a día preguntándose si tendrán suficiente comida, la ingeniería puede tener un profundo impacto en sus vidas. Eso es de lo que trata la ingeniería humanitaria.

—¿Cuáles han sido los proyectos más importantes que ha realizado y dónde lo ha hecho?

—He trabajado en proyectos y en muchas partes del mundo como la India, latinoamérica, áreas desfavorecidas en Estados Unidos e incluso en Europa. Todos ellos han tenido un impacto. Sin embargo, personalmente considero que mi mejor aportación ha sido enseñar lo que sé a los estudiantes y que se animen a unirse a la causa. Esto es parte de lo que soy y por lo que cuando Roberto Baelo, el vicerrector de Relaciones Internacionales de la Universidad de León, me habló de su interés en fomentar este ámbito en su universidad y me invitó a venir, accedí encantado. Me parece una iniciativa fantástica y espero que pueda tener frutos en breve. Personalmente me gusta compartir las ideas que tengo sobre cómo la ingeniería puede tener un gran impacto en la gente vulnerable. Si llevo a cabo un proyecto, puede tener impacto sobre una familia o un poblado. Si recluto a 10 nuevos ingenieros humanitarios, el impacto se puede multiplicar por 10. Así que para mí, el trabajo más importante es compartir esta idea y ayudar a desarrollar buenas prácticas y educación sobre este tema. Es algo bastante novedoso la formación de ingenieros en este área y se requieren competencias y conocimientos más amplios y diferentes a las de un ingeniero tradicional.

—¿Cuál es la principal obra de ingeniería aún pendiente en los países en desarrollo y en el llamado tercer mundo?

—Creo que es mejor llamarles el mundo en desarrollo. Hay un estigma cuando se habla del tercer mundo. La gente en estos países no están por detrás, pero viven en condiciones duras que provocan un ciclo de pobreza del que es muy difícil escapar, a pesar de tener una gran motivación y trabajar duramente. Las comunidades en estas áreas pueden beneficiarse mucho de la ingeniería. Los trabajos que más se están desarrollando se relacionan sobre todo en temas de agua, energía y seguridad alimentaria.

—¿Quién financia este tipo de proyectos?

—Hay muchas agencias, tanto gubernamentales como privadas, que contribuyen al desarrollo de este tipo de proyectos, como Naciones Unidas, el Banco Mundial, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, la Fundación de Bill y Melinda Gates...todas estas organizaciones tratan de contribuir a la mejora del mundo. Un campo emergente de la ingeniería humanitaria se relaciona con la optimización de estos recursos, se busca establecer la mejor forma de implementar estos proyectos de manera que estos fondos se gasten en las soluciones más efectivas.

—¿Cree que los estudiantes de la Universidad de León podrían trabajar en este sector?

—Por supuesto creo que tienen la oportunidad y también creo que podrían iniciarse a través de trabajos más convencionales o, como me indicaba el vicerrector de Relaciones Internacionales, por medio de acciones locales de aprendizaje servicio. Además, organizaciones como Ingenieros Sin Fronteras tiene proyectos, por ejemplo, que reúnen a ingenieros que están trabajando en profesiones «convencionales» para que realicen proyectos en su tiempo libre. Si se puede conseguir que los ingenieros dediquen solo una semana de su tiempo cada pocos años, el impacto puede ser tremendo. También es muy gratificante para aquellos que se involucran, así que no son sólo las comunidades vulnerables las que se benefician de este tipo de acciones. En León abordamos la ingeniería humanitaria como un método para resolver problemas, dirigido a mejorar el bienestar de la gente desfavorecida. Habitualmente usa habilidades técnicas de ingeniería como de otras áreas de conocimiento para conseguir las soluciones más apropiadas y que éstas sean sostenibles, participativas y dirigidas a mejorar la situaciones y la capacidad de respuesta de las comunidades vulnerables. Las soluciones de ingeniería humanitaria son por naturaleza interdisciplinarias. Por tanto, un ingeniero humanitario debe ser experto y formarse en varias áreas de conocimiento, necesita desarrollar habilidades tanto técnicas como sociales, humanas.

—¿Qué tipo de preparación debería tener un ingeniero humanitario?

—Debería clarificar que para este tipo de trabajos necesitamos gente tanto del lado técnico como del lado humano. La parte técnica es de hecho la más fácil. El trato con la cultura, política, dogmatismo, sistemas locales, los problemas de corrupción...esos son los verdaderos retos cuando se intentan resolver los problemas. Por tanto, necesitamos gente que sepa de educación, comunicación, sociología, psicología, antropología, política, ciencias ambientales, diplomacia y sí, tecnología. El ingeniero humanitario debe tener esta multifaceta y/o ser parte de un equipo con múltiples talentos.

—¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

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—En un sistema de filtro con bio-gás para granjas en zonas rurales de México, así como en un sistema de monitorización del agua. La próxima semana visitaré un campo de refugiados en Grecia para intentar ver cómo la ingeniería humanitaria puede ayudar allí. Junto con otro compañero trabajo en el desarrollo de módulos para enseñar física que puedan ser accesibles para áreas empobrecidas y de esta forma ayudar a que la gente que no puede acceder a este tipo de formación puedan tener unos conocimientos básicos que ayuden a resolver pequeños grandes problemas de su día a día. La educación es una parte importante en la resolución de estos problemas, y como la Ingeniería Humanitaria trata de eso, es otro aspecto a considerar.