EL EFECTO EMOCIONAL

maría j. muñiz | león
«El nivel de exposición a informaciones falsas es actualmente muy elevado, así que una recomendación es desintoxicarse periódicamente, no utilizando durante al menos cinco días ni redes sociales ni medios de comunicación. Después de ese tiempo te das cuenta de que la realidad no ha cambiado, y de que muchas de las percepciones que tenemos se deben a que estamos muy expuestos a todo tipo de informaciones».
Todas intencionadas, porque todas tienen algún objetivo; pero muchas de ellas falsas o manipuladoras. «Se observa además un incremento importante de la difusión de información diseñada para crear un efecto emocional, minimizando la posibilidad de que las personas puedan procesarla de forma crítica».
En todo caso, «la distribución sistemática de información de dudosa credibilidad en el debate social lo que persigue es dañar la confianza de los ciudadanos y las instituciones en lo que reciben».
Son algunos de los aspectos tratados por Selva Orejón durante el Encuentro Internacional de Seguridad en las Comunicaciones, organizado por el Incibe en León. La experta en comunicación, que es también perito judicial especializada en identidad digital y reputación, explicó a los participantes qué herramientas hay para intentar detectar las fake news y la desinformación.
«No son actitudes recientes, siempre han existido. Pero el entorno digital y las redes sociales han disparado la inmediatez con la que llegan los mensajes y la amplificación del ruido. Ahora el escenario comunicacional es muy distinto, pero el objetivo es el mismo: generar un estado de opinión en el público». Que frente a estos mensajes no comprueba la veracidad de lo que recibe, lo que le hace manejable.
Orejón es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universitat Ramon Llull y diplomada en Business Organization and Environment, University of Cambridge, e Inteligencia al Servicio del Estado y la Empresa, ejerce como profesora en la Universidad de Barcelona UB en el Máster de Ciberseguridad, impartiendo Ciberinteligencia – OSINT, y en la Escuela de Policía de Catalunya, (Ciberinvestigación y Protección de la identidad digital).
Su empresa, onBranding, lleva más de una década especializada en gestión de crisis de reputación online para celebridades, como clubes de primera división de fútbol, agentes de futbolistas y jugadores; empresas y ciudadanos anónimos. Ha dado clase de las mismas especialidades a la Policía de Israel, y en el Consejo General del Poder Judicial.
Como perito judicial interviene entre otros asuntos en medir el impacto reputacional de un ataque, y valorar el daño causado y el tiempo que tardará en recuperarse la situación inicial. Orejón reconoce que «a día de hoy no pueden monitorizarse todas las fuentes y medios de información», y además de las noticias deliberadamente falsas llama la atención sobre las «descaradas medias verdades, como vídeos en los que no se ofrece el desencadenante inicial ni el final, sino sólo el fragmento con el que se quiere influir». O casos que se presentan como información objetiva cuando con claridad es información «altamente subjetiva», sobre la que en realidad no se conoce demasiado.
Respecto a los métodos a utilizar para la detección, reconoce que las herramientas en el mercado son muchas. «En principio cabría desconfiar de las gratuitas: si tampoco sabes quién está detrás de ellas o qué hace con los datos que estamos analizando, puede ser también una trampa».
Para casos de sospecha de fake news recomienda por ejemplo la búsqueda inversa de imágenes y vídeos, a través de herramientas como Google, Bing, Yahoo o Yandese. «Luego hay que observar también aspectos como averiguar qué tiempo hacía el día de la información en el lugar donde se dice que se produce, para ver si coincide». E investigar quién lanza la información y con quién se relaciona, a dónde dirigen sus redes. Con herramientas como Pipl, «para ver qué información asociada tiene una persona o perfil; cuándo se ha generado el perfil, cuáles son sus fuentes de información,...»
La experta concluye que cada vez son más numerosas las metodologías que se utilizan para aclarar si algo es un bulo.