El oscuro temblor de la raíz

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josé enrique martínez
La poesía es el ámbito en el que se ha movido la pluma de Armando López Castro, alimentando sus tareas académicas con el fervor poético en libros como Revelaciones (1983), Memorial (1985) y De lo imposible (1986). Pasados treinta años de docencia y estudio, López Castro ha tornado con renovadas fuerzas a la creación, aportado tres nuevos poemarios en los últimos años: De sueño en sueño (2015), Bajo la corteza (2017) y el que reseño ahora, Fondo en fulgor. Lleva este poemario una cita previa sobre la juntura como «lugar donde la superficie se hace profunda y lo profundo superficial» y como «lugar donde se palpa la tensión misteriosa de la zona limítrofe». La cita es interesante porque puede aplicarse -así lo piensa sin duda el poeta- a la propia poesía. Lo deja claro El mapa, que bien pudiera titularse El poema, como «unión de lo finito y lo infinito» y, reiterando la cita, «lugar donde se palpa / la tensión misteriosa de los límites».
No es la única pieza que alude a la poesía; de algún modo aluden a ella La sílaba, El son, La palabra o La belleza, entendida como «misterio furtivo, juego de sombras, / irrealidad que no se deja apresar» y que el artista o el poeta puede revelar, pero no poseer. Son indicio de una voz reflexiva, la del poeta que conoce bien su oficio, que lo siente y desea indagar y expresar con hondura de raíz y luz el ser del poema, del arte, de la poesía. El propio título del poemario, Fondo en fulgor, expresa esa raíz que es luz por la palabra, oscuridad o fondo que es revelación, «fulguración inmediata de lo oscuro».
El libro de López Castro se organiza en cinco partes con diez poemas cada una: cincuenta poemas, por lo tanto, de extensión aproximada y con escuetos títulos nominales: La piel, El cazador, El jardín, La tejedora, El agujero... Son poemas en los que se refleja la intención de dar luz a lo oscuro, revelar el sentido oculto de los seres, «el oscuro temblor de la raíz», superando la referencia del título. Así, El caballo, por ejemplo, «viene de un sueño y extiende su galopar en el viento»: caballo, pues, soñado más que real, nueva juntura entre lo literal y lo simbólico. De igual modo, La morera remite a lejanías temporales (la niñez) y espaciales, de manera que «el soñador solo puede reconocer / lo perdido a fuerza de nombrarlo». Los poemas van enhebrado, a la vez, determinadas preocupaciones del poeta, como el tiempo, el anhelo, el recuerdo y la propia poesía.