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Las mujeres cosen el Teleno contra el virus
El Ayuntamiento de Luyego coordina a más de 30 costureras de sus seis pueblos y Filiel que han confeccionado más de 4.000 mascarillas para la contorna del mítico monte maragato
El Teleno y toda su contorna se protegen a puntadas del Covid-19. Treinta mujeres de los pueblos de Luyego y el vecino Filiel confeccionan mascarillas en una singular hacendera confinada.
Cada una desde su casa, con sus máquinas de coser, y todas a una, han logrado surtir de mascarillas a los ayuntamientos de Villagatón,Truchas, Castrillo de Cabrera, La Bañeza y pueblos como Villamontán de la Valduerna y Barrientos. Más de 4.000 unidades han enviado para la población general y residencias de personas mayores. Hasta Madrid han llegado sus puntadas.
Para esta misión comunitaria han contado la colaboración de la fábrica de tejidos Aiptesa, de Astorga, que facilitó la tela y el apoyo del Ayuntamiento de Luyego que puso el dinero para las cintas, elaboradas como se hacían las mascarillas quirúrgicas en los años que Marisa Rodríguez, enfermera jubilada, conoció en sus tiempos de estudiante en León. Además de coserlas, las lavan y desinfectan antes de envasarlas en plástico.
La idea surgió desde el Ayuntamiento de Luyego, al igual que la puesta en marcha de una red de voluntariado para evitar que las personas mayores o quienes tienen alguna dificultad tengan que salir de casa a comprar alimentos, medicamentos u otros productos de primera necesidad. La Guardia Civil ha colaborado en el reparto de las mascarillas, como ayer subrayó el jefe del Estado Mayor de la Benemérita, José Manuel Santiago, al destacar en la rueda de prensa del comité de crisis la entrega de este material realizado por voluntarias maragatas al municipio de Villagatón. Otra pieza clave, como destaca el alcalde de Luyego, Luis Martínez, ha sido Baltasar, el agente forestal de Truchas, que como vecino de Tabuyo, ha llevado las mascarillas a La Cabrera.
Las mujeres no han querido parar. Al contrario, sentirse útiles levanta sus ánimos. Sienten orgullo de formar parte de la red de cooperación. «En esta zona hemos recibido la solidaridad cuando se nos ha quemado el monte y ahora podemos hacer algo», indica Rodríguez. A veces les preguntan cuánto cuestan las mascarillas. «Nada», responden. Porque la solidaridad no es equiparable al valor del dinero».