Ecos míticos del pasado

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nicolás miñambres
El subtítulo del libro, la popularidad de los autores y el tema propuesto, está claro: esta crónica histórico-literaria ha de tener éxito. Ambos (un novelista famoso, Juan José Millás y un eminente paleontólogo, Juan Luis Arsuaga) lo deciden: »-Tú y yo podríamos asociarnos para hablar de la vida; levantaríamos un gran relato sobre la existencia. ¿Lo hacemos»?, dijo el escritor. Lo hacemos –contestó el paleontólogo». Y se decide, aunque con reservas: «Lo cierto es que no recuerdo una combinación semejante de estímulos». Se admite la aventura, contando con un carácter doble: Juan Luis Arsuaga es la ciencia, la experiencia, y Juan José Millás la tranquilidad de la creación literaria. Todo queda en movimiento. En las primeras líneas lo advierten por boca de Juan Luis Arsuaga: narrarán un suceso universal en boca del paleontólogo.
Planteado el proyecto y su conciencia de los límites, el lector observa dos detalles: la facilidad oratoria y la ironía de Arsuaga, paralelas al conocimiento y la «debilidad» en esta obra de Millás, novelista, más dado a la creación. Habrá que pensar en España y en el espacio que han de recorrer: el campo y la ciudad, de la mano de Arsuaga. Pero surge el dilema, los dobles caracteres; lo natural de la prehistoria y el elemento urbanístico, escenario destinado a recuperar y contemplar el arte moderno. Sin buscarlo, el lector se encuentra con el eterno dualismo humano, estético en este caso. Pero el peligro temático se puede esquivar: de ahí la pretensión del hombre cuando quiere llegar a ser adulto: se lo preguntan y lo deja claro: «En neandertal, convertirse en neandertal- dijo y se hizo un silencio atroz entre nosotros». En este clima artístico, funciona el arte antiguo y el arte moderno. Y funciona la novela, aclarando misteriosos comportamientos prehistóricos, desconocidos para el lector, pero… algo gratuitos en el texto; teóricos del pasado prehistórico, que pueden ser muy llamativos.