Tres brindis por los 20

RUBÉN SÁNCHEZ - RUBEN.EARTH
SUSANA VERGARA PEDREIRA
rLo fácil, ay 20-20, sería confinarte en la memoria, ponerte en cuarentena, dejarte sin respiración, hacerte un Zoom, vacunarnos contra ti, colocarte a distancia y lavarnos las manos. Alegrarnos de que al fin estés al final, ingresado en la UCI del nuevo año.
Te has llevado tantas cosas, nos arrancaste de nuestra vida, arrebataste la de quienes tanto queríamos, te apoderaste de lo que teníamos que proteger, nos sumiste en la zozobra, llenaste nuestros días de incertidumbre y las noches de sombras. Te habíamos celebrado con burbujas y buenas intenciones, te brindamos y deseamos. Esperábamos los nuevos felices 20, un siglo después, sueño de aquello que nos contaron. Nos costó entender lo largo que sería el invierno que trajiste. Y que durarías, sí, al menos un año. Un largo año.
Qué fácil sería decir que te den. Mandarte a la mierda. Pero hay algo, ay 20-20, que nos atará para siempre a ti. Contar la historia en directo. Vivir y sobrevivir. Estar cerca y guardar distancias. Creer en la ciencia y poner en duda todo. Confiar en una vacuna y fiarnos lo justo. Mirar al cielo y pisar fuerte la Tierra. Taparnos la boca y querer gritar. Asfixiarnos y coger aire por los demás. Pronunciar palabras nunca dichas y guardar silencio cuando nada se puede decir. Salir a un balcón y entrar en la tienda del barrio. No ver medio llena la botella y bebérnosla entera. Naufragar en cada segundo y que el rescate navegue en un wasap. Ver la grandeza que contienen las cosas sencillas. Descubrir que la ciudad inamovible se puede cambiar. Encontrar el paraíso en una montaña y al borde de una playa. Dejar el coche y coger la bici. Ir a pie y llegar a tiempo. Que la separación sea sólo metro y medio. Que el espacio vacío lo ocupe la vida silvestre. Vivir con la injusticia y luchar contra ella.
Días que son noche y noches que nunca amanecen. Aplaudir con el corazón. Hablar con la mirada. Asirnos con fuerza a los amigos. Encontrar refugio en casa. Esperar una canción cada noche. Mirar a los ojos. El valor de la libertad. Una caricia, un abrazo. Un beso furtivo. Desear el deseo. Un encuentro en las calles vacías. Volver al trabajo. El bálsamo de la familia. El valor de una llamada. Lo que vale el oxígeno. Custodiar en silencio el dolor de los otros. El lujo de un café para llevar, el de Javi, Juan Carlos, Ruth o el de Rosa. Que vuelvan a abrir los que siempre estaban abiertos.
Saber que solos no podemos. Que sin los demás no somos. Que hay ángeles de blanco en la Tierra. Vivir cada momento como si fuera el último. Que no todo está en nuestras manos. Que no necesitamos una conspiración para destruir el mundo. Que el futuro está en el próximo segundo. Que somos vulnerables. Que no hay nada seguro. Que en la unión está, sí, la fuerza.
Aprender lo aprendido. No olvidar la lección. Volar. Quedarse. Que nada siga igual. Que nada dé igual.
Ahora sabemos que es posible. Que puede pasar. Que todo puede cambiar. Que todo se puede cambiar. Que no hay que rendirse. Que la Tierra no tiene fronteras. Que somos tiempo. Que los que se han ido vivirán en la memoria. Que estamos cerca del final. Que siempre es tiempo de empezar. Que lo esencial también es visible a los ojos. Que lo importante nunca pierde valor. Que quizá nada era tan importante.
Deberíamos haberlo imaginado. Empezaste siendo bisiesto. Tuviste dos viernes y un martes 13, oscureciste la Luna y eclipsaste el sol. Pero en tu despedida, nos dejas una visión única, la de la Estrella de Belén brillando en el cielo, Júpiter y Saturno tan próximos como si fuera un augurio, el anuncio de que volveremos a estar juntos.
Qué confiado aquel 31 de diciembre, cuando celebramos tu venida. Sin saber que el 20-20 sería año de tres brindis. Alzaremos la copa un segundo antes de la medianoche para decirte adiós. Y en la misma copa, celebraremos la llegada del nuevo año.
Dicen que hace dos milenios, en el cielo brilló una estrella. Que su luz nos ilumine.