Diario de León

Un estudio pone en duda que fumar suponga la disminución de la posibilidad de padecer Parkinson

Foto de archivo de una fumadora de puros habanos

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Colpisa - MADRID.

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Los fumadores que ven en el tabaco un efecto protector contra la enfermedad de Parkinson tienen nuevos motivos para abandonar la adicción. Un estudio publicado en la Revista de Neurología cuestiona la hipótesis de que los ingredientes del tabaco retarden la manifestación de esta dolencia crónica y degenerativa. Los autores del trabajo creen que las investigaciones hechas hasta ahora están sesgadas, y que el fumar «no parece retrasar» la aparición de la enfermedad neurológica. El estudio, en el que han participado tres profesores del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de Córdoba, un investigador británico y otro holandés, pone en duda la suposición de que fumar comporta un bajo riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson. Los autores del trabajo, firmado por M.F. Allan, M.J. Campbell, A.S. del Castillo y R.F. Navajas, señalan que hasta ahora se desconoce el papel que desempeña el tabaco como supuesto factor que defiende al sujeto frente al Parkinson. El origen de la controversia estriba en abundantes estudios acumulados durante cuatro décadas que han atribuido a elementos presentes en cigarrillos algunas propiedades que, según los autores del trabajo, están por demostrar. Nicotina No en vano, algunos investigadores sostienen que la nicotina tienen un efecto estimulador de las células productoras de dopamina, un compuesto químico que falta en los enfermos de Parkinson. La dopamina transmite de unas células nerviosas a otra los impulsos necesarios para realizar una actividad muscular y cualquier movimiento intencionado. Un déficit de dopamina da lugar a que las neuronas actúen sin control. El Parkinson se desarrolla cuando una parte notable de las neuronas de la sustancia negra del cerebro (alrededor del 75%) muere. Por el momento se ha demostrado que la hidracida, un producto químico presente en el tabaco, protege a los ratones de laboratorio frente al daño producido por ciertas toxinas en un tipo determinado de células dopaminérgicas. El estudio, titulado «La enfermedad de Parkinson y el tabaco: coherencia y plausibilidad», aporta elementos de juicio para objetar los métodos de algunos trabajos que han relacionado el supuesto efecto protector del tabaco ante el Parkinson. En primer lugar, los investigadores aducen que los fumadores pueden fallecer antes alcanzar la edad en que se desarrolla la dolencia degenerativa a causa de patologías asociadas al tabaquismo. Así, las enfermedades vinculadas al tabaquismo pueden prevalecer sobre el diagnóstico del Parkinson como primera causa de muerte. Además «el Parkinson es una enfermedad crónica que no es en sí misma fatal, por lo tanto no se registra en los certificados de fallecimiento». Bajas estimaciones Esta circunstancia induce a pensar que haya una baja estimación de la frecuencia de la enfermedad de Parkinson entre los fumadores. No en balde, sólo el 70% de los pacientes fallecidos con diagnóstico previo de Parkinson aparece en los registros de mortalidad de países que cuentan con un sistema de registro de defunción muy fiable. Por añadidura, es muy probable que las personas con Parkinson en fase avanzada no fumen debido a los trastornos del movimiento que padecen.

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