Cornada de lobo
Mala guerra, la del botijo
Después de un plácido domingo y de un jodío lunes, llega Marte, que es el dios de la guerra, colgándole de la oreja un trece, cosa mala si no crece. Llené a la mitad una bañera de arena, alisé la superficie y allí solté un lagarto como se hacía de antiguo en la superchería popular para que con sus espantes y caracoleos dibujara con la cola sus señales, escritura del diablo, dicen, signos y premoniciones. Con alguna torpeza ortográfica y ciertos garabatos enigmáticos, allí quedó advertido: «Está al caer la guerra del botijo, preparaos». Después, pegó un bogado de árida arena, lo escupió y con estertores de lomo se fue enterrando. Ahí aguarda. Vienen azadonazos en la crisma, la España rural de la garrota levantisca y la del cazurro tras la sebe achusmando con chisquero las pasiones. Agua va. Y una mierda; eso es lo que dijo el que apalanca el botijo. Palencianos y terracampinos boquean como peces en el lodo y abren su catarata de lágrimas por mojarse un poco y aliviar tanta secura. Años de cardo nos aguardan, que las sequías vienen últimamemte en quinquenios, soles y fuegos, campos agostados, maíces raquíticos de cuarta y media. Los agricultores leoneses se arriscan en su fuero y han escachado el huevo sobre la mesa de la Confederación. Los palentinos alegan muerte de sus aradas, la hecatombe en sus silos. El agua es un patrimonio común, dominio público, de todos. ¿Pero acaso tiene dueños?... No en la ley, pero observa la realidad. La cascada de San Pedro que dibujaba un vértigo en Soto de Sajambre se la robó una eléctrica y el común mira a las apabardas. Lo mismo en el Cares leonés de Valdeón. Y vete al río Oza, del que bebe Ponferrada a través de una empresa privada que es esponja dejando tieso el cauce como si hubiera vuelto san Genadio a condenar este río otra vez al silencio. Y en Santa Olaja de la Acción ha enseñado las fauces de mastín un ganadero que, por sus pelotas, ha cegado un manantial en sus tierras secando el caño del pueblo que acabará lavándose con gaseosa y bebiendo cortezas. Y dueños del agua parecen los nuestros regando a manta, despilfarrando, anegando su remolacha mientras alargan la garrafina en el bar y la finca es laguna con orejas verdes. Mala guerra es la que viene.