Francisco Muro de Iscar A LA ÚLTIMA

«Ellos.com», un retrato del hombre

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León

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Las mujeres no sólo leen más libros que los hombres; también escriben libros sobre los hombres. Tendremos que acostumbrarnos a ello. No sólo ganan todas las oposiciones, tienen una vida profesional cada vez más activa y con mayor éxito y hasta consiguen cuotas del cincuenta por ciento en algunas listas electorales, sino que, dicen, sus compañeros o sus rivales, es decir los hombres, parecemos asustados ante una mujer más despierta y más reivindicativa. Hasta ahora éramos los hombres los que escribíamos, casi con exclusividad, sobre hombres y sobre mujeres y el éxito de algunos escritores, como Antonio Gala, ha residido en buena medida, en que sus mujeres pensaban realmente como mujeres, aunque en el fondo también las hiciera pensar un hombre. Pero eso se ha acabado. Dos profesoras de la Universidad del País Vasco, Rosa de Diego, cántabra, y Lydia Vázquez acaban de sacar al mercado Ellos.com, que es un retrato satírico burlesco del desconcertado hombre de hoy. Dicen las autoras que enviaron el libro a varias editoriales y que les respondieron que era «muy divertido, pero que le faltaba sexo». Desconozco si quienes apuntaron esa carencia fueron hombres o mujeres. Por si acaso, ellas han añadido sexo, pero lo han editado con un sello, Minerva Ediciones, dedicado a temas de mujer. Hasta en eso ellas se lo guisan y ellas se lo comen. Rosa y Lidia dicen que «los hombres trabajadores están ocupados; los creativos son unos vagos; los guapos y buenos son gays; los honrados y legales son unos pelmazos; los que no son tontos están siempre con los amigos; los ahorradores, ni viven ni dejan vivir; los taciturnos y callados juegan al golf; los que no juegan al golf, esquían; y los que no esquían, practican turismo rural». ¿Se encuentra usted retratado en alguna de estas categorías? ¿Ha descubierto usted a su marido entre estos hombres de hoy? Si no es así, no se preocupe, hay muchos más en el libro y también en la calle. Si yo fuera mujer, únicamente le pediría a un hombre una cosa: que fuera capaz de reírse abiertamente de sí mismo. Y como hombre que soy, sólo le pido a la mujer, bien sea escritora o no lo sea, que no copie los modelos de los hombres. Bastantes desastres hemos hecho como para que ellas los dupliquen.

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