Diario de León
enric fontcuberta

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pilar martín

Colgado de Cyrano», así reconoce estar desde joven el escritor Pablo Gutiérrez por este personaje y por eso no es de extrañar que en su novela juvenil El síndrome de Bergerac lo que quiere transmitir este profesor de literatura del I.E.S. Juan Sebastián Elcano de Sanlúcar de Barrameda es «la necesidad de hacer cosas». Porque para Gutiérrez (Huelva, 1978), según cuenta a Efe, esto es lo representa este «bravucón de corazoncito roto» creado por Edmond Rostand, un personaje que «representa el pensamiento adolescente» y que da nombre también al síndrome de Bergerac, ese que sufren las personas que ante su falta de confianza o la distorsionada percepción de su imagen hacen que quieran estar en un tercer plano o, a ser posible, pasar desapercibidos. Algo que reconoce este escritor en su faceta de profesor en esos alumnos que prefieren estar callados o convertirse en invisibles por miedo y a los que él sube al escenario para representar obras teatrales en su instituto.

Y justo es lo que quiere poner de manifiesto en esta novela, cuyo germen está en la versión teatral de esta obra que hizo en 2019 y en la que subió a escena a jóvenes inexpertos, unos más tímidos que otros. «Fue una experiencia de crecimiento personal y de mis alumnos y la sensación de pérdida y de orfandad durante el confinamiento, un tiempo muy oscuro, fue la que me llevó a recuperar ese entusiasmo y energía positiva de Cyrano», recuerda Gutiérrez sobre el punto de partida de este libro de ficción con base real que publica Edebé, en el que muchos de esos alumnos que participaron en la obra teatral se ven identificados en él. «¿Profesor, ése soy yo, no?», rememora entre risas algunas de las preguntas que le han hecho.

El síndrome de Bergerac. Una comedia heroica cuenta cómo Lupe, una profesora de Literatura Universal, lleva a unos alumnos, entre los que se encuentra Velia, una adolescente ensimismada y acorazada en el refugio de los libros, a montar una adaptación de la obra de teatro Cyrano de Bergerac. Y a partir de ahí la trama crece y se alza como la espada del personaje narigudo. Precisamente, confiesa, «probablemente» detrás de este personaje esté una de sus alumnas, «una achica encantadora» de 16 años a la que se le «encendían las mejillas» cada vez que tenía que hablar en clase, pero que superó este miedo cuando tuvo que dar vida a la narradora de la versión teatral de su profesor. «En una sociedad donde la imagen y nuestro aspecto físico está diciendo y marca todo, la figura de Cyrano me parece muy interesante porque no vivimos nuestra imagen», un mensaje que transmite en esta novela cuyo mensaje se podría resumir en un «atrévete» porque «contra la adversidad se pueden hacer cosas».

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