Diario de León
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León

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josé enrique martínez

En El fin del mundo en las televisiones (2015), Diego Doncel se revolvía contra la sustitución de la autenticidad por el simulacro y la mercancía. La fragilidad, en cambio, es una magna elegía a la muerte del padre, reavivando las brasas de las Coplas manriqueñas. Ya el primer poema expresa la impotencia ante la fatalidad de la tragedia, con un aliento afectivo que traspasa lo personal hacia un sentimiento universal. De este modo, los poemas, que tienden a la expansión verbal, configuran una elegía tan densa como extensa, la cual expresa el duelo del hijo ante la desaparición del padre, dolor que solo lo atenúa «la memoria de nuestro corazón». En una composición el poeta se trasfunde en la Ofelia que amó un imposible y que al saber la muerte de su padre perdió la razón y acabó cayendo y muriendo en un rio. El poema se titula Hablando con Ofelia y comienza con un verso que se repite en Hablando con Hamlet: «Ofelia, me conoces tanto como yo a ti»; «Hamlet, me conoces tanto como yo a ti». La tragedia de Shakespeare inspira estos versos, y una vez más comprendemos que la literatura intensifica el vivir y potencia las emociones.

Algunos de los poemas se dirigen expresamente al padre, «pensando que aún existes», pero el poeta habla a un fantasma, palabra que se reitera con frecuencia en referencia tanto a los muertos como a los vivos. En otras piezas prevalece la meditación sobre el amor, la soledad, la muerte, la identidad, la memoria y la esperanza: «No sé quién soy, no sé quién eres», «Somos sombras entre el tiempo y el sueño».

El mar y el horizonte infinito suelen ser los espacios escogidos para la meditación sobre el vivir y el morir y para la expresión del dolor y la desesperanza; pero no son espacios neutros, sino cómplices de los sentimientos del poeta, como no es neutra la también recurrente pantalla del ordenador: «El carguero que partía, sucio y oxidado, / hacia rumbos vacíos / dejaba a la intemperie el latido de mi corazón»; «las pantallas son un cementerio en el que aparecen / las cruces de los que ya no están». La tonalidad del poemario roza la angustia, pero en la parte final el poeta abre los ojos a la claridad, una claridad que abarca al propio padre, pues también a él le pertenece ese futuro en el que «merece ser recordado». El poeta explora el camino Hacia la felicidad, título del poema final, avanzando así el poemario de la noche mortal a la luz de la figurada resurrección como último consuelo.

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