Publicado por
León

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El otoño en las plantas convierte su agonía ante la muerte en un estertor de bellezas y caprichos que nos hace ver el ocaso como promesa y no como fracaso; y se hace trámite, periodo de calma que hay que tomarse o dormirla bajo una manta de inclemencias y escarchas, soñando abriles. Esto sucede a tu alrededor, en los amarillos y cueros que visten al hayedo de Valdosín, allá en La Uña; en el jardinete de tu plazoleta o en un geranio. Pero como es milagro anual, ni te enteras. Las personas no aparejamos nuestros propios otoños y la cagamos cuando nos vemos forzados a improvisarlos. Ese otoño sereno de alguna gente, su tranquila disposición al tránsito recibiendo la muerte entre los suyos con juicio cabal, ese morir en paz es sólo cosa de la literatura o museo de nostalgias. A tu alrededor pintan bastos. Se muere hoy como se vive: atropelladamente. Y la muerte no existe; la esconden. Hoy muere en su cama casi nadie. La Parca te despacha principalmente en un hospital o en la carretera, cosa de arcén o muerte de perro en la noche de una clínica entre lamentos, quejumbres y capellanes con viático. En casa no te mueras; quita allá. No estamos hoy para templar gaitas ni atender agonías: prisas, ocupaciones, líos... y contratar una cuidadora es un pastón, así que a la residencia, madre, y no proteste, chitón, que se pone usted insoportable... jolín con la puta vieja, añadió la nuera. De tanto esconder la muerte, lo oscuro y los ocasos, la hora de la verdad nos pilla casi siempre desprevenidos, desnudos de respuesta. Pero jamás imaginé que llegaríamos a robar los otoños como se hace hoy en la ciudad. Sus pocos árboles son el único testigo entre cementos para recordarnos qué es el otoño, el ritmo de estaciones, el pulso de la vida. Y viene la podadera municipal esmochándolos, los mutila de ramas y, estando aún verde la hoja, les apean de su esplendor y bella agonía. Perpetran la salvajada hasta en la fronda que enfaja el campus, me dijo Rafael, a la vista de biólogos, filósofos sensibles y almas con vibrato; no sé si como broma o por cojones. Alegan que las hojas ensucian y esconden su lección de vida y la canción del ocaso. El que mata el otoño, oculta después la muerte y al final acaba podando a su madre.

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