The Academy of Ancient Music, con el New Oxforf College Choir y Paul Goodwin en el podio, hicieron vibrar a un Auditorio lleno a rebosar con su peculiar sonido

Un «Mesías» para el fin

Publicado por
Miguel Á. Nepomuceno. - LEÓN.
León

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Hasta bien entrado el siglo XIX «El Mesías» se venía interpretando con una orquesta reducida y un coro que no sobrepasaba la treintena de voces, algo parecido a lo que ayer noche pudimos escuchar en el Auditorio a cargo de The Academy of Ancient Music a las órdenes de Paul Goodwin con el New Oxford College Choir, una de las formaciones corales más sólidas que actualmente circulan por Europa y América. Fiebre sinfónica Sin embargo a partir de mediados de la anterior centuria proliferó una fiebre sinfónica que llevó a interpretar esta partitura con un gran contingente orquestal al que se le añadieron enormes masas corales que hacían de la grandiosa partitura una suerte de mamotreto sinfónico-coral que llevaba al oyente al límite mismo de ensordecimiento, unido a un aburrimiento insoportable debido a la larga duración de la partitura que podía llegar a sobrepasar las tres horas de escucha, en función de que el director de turno fuera un teutón, un británico o un norteamericano, en cuyo caso la elongación podía hacer llorar al santo Job. Por fortuna, esta tediosa forma de presentar una de las grandes obras maestras de toda la cultura Occidental tuvo su correctivo inmediato y los aficionados pudieron disfrutar de una obra hermosa donde las haya con una duración aceptable y un tempo acorde con los las circunstancias. El de ayer noche fue un «Mesías» para la reflexión. Muy lejano de otras lecturas más efectistas y ampulosas «El Mesías» de Goodwin fue esperanzador. Empleando una dinámica rompedora que utiliza los pianos como sonidos que mueven a la compasión y los fortes como revulsivo que impele a la búsqueda por imperativo, el tejido orquestal fue acumulando dramatismo hasta alcanzar grados de intensidad difícilmente soportables, haciendo que la elegancia y la majestuosidad confluyan en ese magma de sensaciones apoyadas en unos solistas de excepción como fueron la soprano: Julia Gooding, el Contratenor: Robin Blaze, el Tenor: James Gilchrist, y el bajo, Michael George, a cual más empastado, afinado y expresivo. Esto unido a unos coros de otra galaxia hicieron el milagro de lo insuperable. Lectura clarividente Sirviéndose de una orquesta como The Ancient of Music y un coro en estado de gracia Goodwin logró una lectura clarividente, afinada y matizada hasta lo indecible, destacando los sutiles contrastes que reflejaron toda la tremenda y exultante belleza de la redención. Un «Mesías» glorioso para el fin de los tiempos.

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