La cumbre climática más pesimista
Los 1,5º más de temperatura, la energía y la guerra, en el ambiente de la cita en Egipto
Fuerte San Gil (Santo Domingo) cubierta de basura. ORLANDO BARRÍA
La turística Sharm el-Sheij, a orillas del mar Rojo, acoge la cumbre climática que hoy comienza en Egipto, la COP27, en medio de un panorama pesimista y lleno de incertidumbres. La invasión rusa de Ucrania ha recuperado el fantasma de un conflicto mundial con el apellido nuclear. Junto con la pandemia que aún colea, solo puede contribuir a distraer los esfuerzos contra el desastre ecológico e incluso agravarlo. La crisis energética provocada por este conflicto y la constatación con hechos tangibles —como las pista de aterrizaje derretidas en los aeropuertos británicos— de que el cambio climático ya está aquí acaban por ensombrecer aún más esta cita mundial.
Egipto ha amanecido listo para el pistoletazo de salida de esta maratón, que culminará el día 18 con alguna prórroga si los participantes no logran llegar a acuerdos. Un país donde «los derechos humanos están por reconocer en muchos aspectos y donde cualquier tipo de crítica o activismo en la cumbre será reprimida con dureza», explica Fernando Valladares, doctor en Biología, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y voz de esa legión de científicos del movimiento internacional Scientist Rebellio. Considera que las cumbres son «completamente insuficientes, pero imprescindibles». «Hay que organizarlas sin concluir por ello que así ya estamos abordando el problema. Porque no nos equivoquemos, no hay nadie al volante en esta lucha», avisa Valladares. Entre los aspectos positivos, la asistencia confirmada en los últimos días de mandatarios internacionales de peso, como el presidente de EE UU, Joe Biden; el primer ministro británico, Rishi Sunak, y el recién elegido para gobernar Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, que acaba de derrotar en las urnas por la mínima al negacionista Jair Bolsonaro, acusado de deforestar sin freno ese pulmón del planeta que es el Amazonas. «Aun así, no vamos a lograr mucho —considera el experto del CSIC— por varias razones, entre otras por la geopolítica tan compleja que afrontamos, con guerras que están llevando a reconsiderar batallas ya ganadas; es el caso de Alemania, uno de los espejos verdes del mundo, que está repensando en el carbón visto lo que está pasando con el gas en esta crisis energética». Valladares pone el acento en que la delegación «más numerosa» presente en la cumbre de Egipto es la «formada por las petroleras» y denuncia que la cita esté patrocinada por Coca Cola, según Greenpeace la empresa más contaminante por plásticos. Apunta el investigador a las tremendas desigualdades en el planeta y al hecho de que ni siquiera se ha materializado la decisión de destinar 100.000 millones de dólares anuales desde 2020 para ayudar a los países en vías de desarrollo a paliar los efectos del calentamiento que sufren con más virulencia. «Ese dinero no está llegando. Y es insuficiente. Hay que poner en marcha estas ayudas y la condonación de la deuda de los países pobres. Deberíamos verlo como ‘deuda por clima’, una inversión —dice Valladares— para nuestro futuro».
Los fenómenos extremos han sorprendido este año a los europeos, que han soportado el verano más caluroso desde 1880, con temperaturas que doblaron la media mundial. Los raíles de tren reblandecidos bajo el sol en Inglaterra y las imágenes resecas del Rin o Doñana prometen ser una constante si esta cumbre no consigue culminar con hechos.
«Hablar a estas alturas del tope de 1,5º de calentamiento cuando ya hemos alcanzado el 1,3º es una traba peligrosa —advierte el experto—. Por eso nos enfadamos los científicos. Nos tenemos que poner muy serios en no rebasar los dos grados, serían condiciones climáticas muy peligrosas para la humanidad. Una línea muy roja que no deberíamos rebasar».