Un mundo ya desaparecido

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alfonso garcía
Es fácil que buena parte de la memoria de los pueblos quede en la literatura, en los libros. Tal es el caso de estos veintiocho relatos reunidos en la obra de Gregorio Urz que nos trasladan a otros tiempos pasados en que «la pobreza abunda» y la vida de los pueblos «siguió discurriendo por los cauces labrados por rutinas de siglos».
Conjugando ficción y realidad, donde incluso la anécdota se convierte en relato, narra escenas, acontecimientos y formas de vida en situaciones diversas, con personajes enraizados en ese mundo y esa época marcados en general por la dureza, en un amplio espectro temático: enfermedad, prestamistas avaros, sometimientos de la administración, huidos de la guerra, animales y actividades agrícolas y ganaderas, rencillas y venganzas, noviazgos y asuntos amorosos, ayuda solidaria en labores y fuegos, personajes de visita, corta de leña, animales amenazantes, entretenimientos y festividades, las campanas…
Las historias narradas —«con sus miserias y sus grandezas, con sus penas y sus alegrías, con lo bueno y lo malo»— son breves historias contadas de forma natural y sencilla, llenas de amenidad. Subrayo como valor de notable acierto el uso de vocablos y expresiones lingüísticas hoy perdidas que atesoran una gran riqueza y definen con precisión objetos, ideas y situaciones que cobran así especial valor por ser parte esencial de eso mundo desaparecido, aunque las inquietudes humanas de los nuevos tiempos sigan siendo las mismas.