"Insisten en el anonimato, pero si me operan de otra cosa doy por hecho la confidencialidad»
Natalia tiene dos hijos. Cuando su pareja y ella decidieron aumentar la familia sufrió un aborto espontáneo. Volví a fecundar y a las 19 semanas de embarazo le comunican que el feto tiene graves malforamaciones. Le abren la puerta del aborto, aunque es voluntario. «Empezamos un periplo. Tienen que pasar tres días y vuelves y luego te mandan a Valladolid. Me entero que en el Hospital de León no contemplan este servicio por la objeción. Te empiezas a informar y ves las cosas cómo son. Es muy duro. A mí se me notaba, lo había contado a todo el mundo y no quieres pasar por ello». En una semana le dieron cita para ir a Valladolid. «Te pagan el desplazamiento en función de tus ingresos. Nosotros fuimos un día antes por comodidad y porque nos lo podemos permitir». Entró a las 9 de la mañana y a las 12.30 ya estaba camino de León. «Me mandaron levantarme para recuperarme de la anestesia y me mareé un poco; me tumbé y vino una enfermera metiendo prisa que me tenía que dar el alto. ¿Qué haces tumbadada?, me dijo. Es un procedimiento médico pero nadie viene a verte». Natalia compara su situación con un legrado, que se hace con ingreso hospitalario. No entiende por qué esta forma de proceder. La revisión se la hacían en León en Sacyl, pero optó por usar su seguro privado para no tener que pasar por más trámites y esperas. Otra cosa que no le parece necesaria «es el anonimato tras un número. Si me operan de otra cosa doy por hecho que hay confidencialidad».