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El Bierzo en flor. La primavera de los almendros

Los almendros ofrecen las flores más madrugadoras en El Bierzo. Cuando las nieves aún blanquean los Montes Aquilanos, sobre las viñas desnudas aparece la primavera más temprana en el valle del Oza y Los Barrios

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León

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Los almendros desafían al invierno con las flores más madrugadoras. Y El Bierzo es un lugar privilegiado para disfrutar de sus flores, que compiten en blancura con la nieve de los Montes Aquilinanos.

Por el Camino de Invierno se llega desde Ponferrada a Toral de Merayo, la ruta que seguían los peregrinos en los meses más fríos del año, se llega a una primavera anticipada ya desde los últimos días de febrero. Las flores relumbran sobre el terreno escarchado en el amanecer. Es la misma ruta del Camino Real entre Ponferrada y Orense, que data de época tan antigua como la romana.

Un espectáculo sensorial sin la fama de la floración de los cerezos, que se ofrece a las personas que aprovechan las primeras luces del día para pasear. Toral de Merayo es un pueblo de medio millar habitantes que pertenece al municipio de Ponferrada, aunque antes y a intervalos de la historia fue ayuntamiento y, mucho antes, en el Medievo, fueron dos pueblos: Toral y Merayo, ahora los dos barrios que definen a este enclave del valle del Oza. Dos núcleos divididos por el río y unidos por el puente bajomedieval, reformado en el siglo XVIII y en los años 80 del siglo XX.

El espectáculo sensorial de los almendros en flor es el primer atractivo que ofrece la primavera en El Bierzo, compitiendo con la blancura de las nieves que, como collar de perlas, adorna los Montes Aquilanos

Las plantaciones de almendros son antiguas. Lo atestiguan algunas ramas gruesas y ennegrecidas por los años. Es uno de los primeros lugares de la provincia leonesa donde florecen los almendros, los árboles de la flor más madrugadora en los territorios de clima mediterráneo y continental. Aún no se han atrevido a sacar la flor sus hermanos de Los Oteros y el Bajo Esla salvo excepciones a buen resguardo porque como dice José Luis, agricultor de la Vega, «los almendros son listos y se han aclimatado» a la frialdad esteparia de la Meseta.

El Bierzo es otro mundo. Para quienes tengan sed de primavera ya se pueden adentrar por este Camino de Invierno y disfrutar de su anticipo sin intereses. Toral de Merayo era la salida natural hacia Puente de Domingo Flórez y la provincia de Orense hasta que se desvió la carretera n-120 fuera del valle.

Aparte de los almendros floridos en esta época del año, el pueblo ofrece otros lugares para contemplar y rastrear en su historia si hay tiempo. El puente de origen medieval, la iglesia de San Salvador de estilo neoclásico y las ruinas de la primitiva iglesia mozárabe.

Desde Toral de Merayo se puede seguir la ruta hasta el pueblo de Ozuela, que junto con el próximo Orbanajo y también Rimor, ofrecen unas vista panorámicas sobre el valle blanqueado por los almendros. En estos pueblos casi deshabitados se pueden contemplar casas muy cuidadas y alojamientos rurales con el encanto de la naturaleza y un recogimiento muy cercano al bullicio ponferradino.

Madrugar para disfrutar de las flores más madrugadoras, con la helada plateada sobre la tierra o hacer una excursión vespertina, andando, en bicicleta o en una rápida visita en coche, merece la pena acercarse a contemplar a los almendros con su vestido blanco.

Similar espectáculo se contempla desde Lombillo sobre Villar y Salas de los Barrios. Este balcón del Bierzo Bajo, desde el que la vista se alarga hasta la cuenca del Sil, se asienta sobre las laderas de los valles de Compludo y Valdueza. Pero no sólo de almendros. Lombillo era el lugar al que los ponferradinos iban a buscar la luz y el sol en los largos días de niebla sobre la capital.

El triángulo de Los Barrios podría ser el lugar que Plinio, el geógrafo romano que describió Hispania para el imperio, identificó como un vergel. Los árboles frutales se combinan con castaños, nogales, chopos, sauces y fresnos. Prados y riberas hacen el resto, sin olvidar que atravesar estos pueblos es sumergirse en un universo de casonas blasonadas que curiosamente se ha convertido en la cuna del renombrado festival Villar de los Mundos. De lo local a lo universal. Y viceversa.

A veces las cosas más hermosas son las que se encuentran más cerca y la vista, acostumbrada a verlas a diario, no repara en su belleza. El Bierzo tiene la fortuna de contar con estos y otros muchos rincones privilegiados y de poder ofrecerlo a sus visitantes, peregrinos o turistas, como un baño de naturaleza y fertilidad. Luego vendrán los cerezos y pronto las viñas se vestirán con sus pámpanos. Y, tras la cosecha y la vendimia, el ciclo continuará con el colorido otoñal.

De la devoción por los almendros y su prematura flor dejan constancia calles como la que tiene dedicada en Toral de Merayo o la casa rural que lleva por nombre El Almendro de María en el barrio de Columbrianos. Del sentimiento berciano de que nunca se vendieron bien sus virtudes quedan los lamentos de hemeroteca: «Los botones de los almendros quieren dejar paso a las blancas florecillas que tanta belleza dan a nuestros campos y ahora, los forasteros que no aciertan a comprender nuestra secular apatía por todo lo berciano nos preguntan por qué no hacemos algo para atraer la atención del turismo que podría recrearse en la contemplación de estos miradores», decía el cronista del Diario de León el 31 de enero de 1960.

Quizá la única pega que se puede poner es la falta de renovación de estos árboles que en su día fueron importante riqueza: «A dos kilómetros de Ponferrada, en la carretera de Molinaseca, en el término del pueblo de Campo, se vende una propiedad de veintidós hectáreas con soto, almendros, viñedo y tierra de labor», reza un anuncio de hace un siglo (1922).

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