Diario de León

José Varela: «De mis 57 años en Cruz Roja, lo más importante ha sido preocuparme de las personas»

Toda una vida. José Varela Rodríguez, presidente autonómico de Cruz Roja en Castilla y León culmina 57 años de dedicación a la institución humanitaria con la Medalla de Oro y un legado que abarca desde la rehabilitación de las escuelas del Cid para sede provincial a la compra del edificio de Miguel Castaño. Pero, sobre todo, con el orgullo de haber trabajado por «la dignidad y la libertad de las personas».

undefinedJosé Varela Rodríguez, en el despacho de la presidencia autonómica en la sede de León. RAMIRO

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Ana Gaitero
León

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El próximo 13 de junio cumplirá 81 años. José Varela Rodríguez, nacido en una pequeña aldea gallega del ayuntamiento de Vegonte en Lugo. Con 23 años llegó a León como comandante militar del cuerpo de ferroviarios. Era un destino de paso que se convirtió en su nueva casa y donde formó su familia y estudió Trabajo Social cuando ya pasaba del medio siglo de vida. Nada más aterrizar en la capital, en 1966, «me captaron para la Cruz Roja». Había hecho un curso de primeros auxilios en 1960 y pasó a ser el jefe de la Unidad Militar de Tropas de Socorro número 26 y de la Brigada de Tropas y Operaciones número 73. Ha sido gerente de Cruz Roja en León, secretario de la Junta del hospital, secretario provincial durante 18 años y seis meses; vicepresidente provincial, entre 2006 y 2006; presidente provincial durante los cuatro años siguientes y presidente autonómico desde 2011. Como colofón a esta larga trayectoria, ha estado al mando de la última asamblea nacional de Cruz Roja como presidente de la Junta Electoral General.

—¿Qué planes tiene después de estos 57 años que culminarán con su salida de la presidencia autonómica a final de mes?

—Colaboraré con Cruz Roja hasta que la salud me lo permita como voluntario. Me preocupa mucho la soledad no deseada, algo que en Castilla y León con un territorio tan extenso y la despoblación es un problema de primer orden. En la ciudad, puede que algo más llevadero. Pero en los pueblos los inviernos son muy largos.

—En este tiempo, la misión de Cruz Roja ha cambiado radicalmente. ¿Qué destacaría?

—Cuando empecé estaba al frente de la unidad militar con 400 soldados, fuera de mi trabajo. Eran soldados que hacían la mili, luego tuvimos a los objetores de conciencia que se suprimieron al profesionalizarse en Ejército en la época de Aznar. Ya entonces había una unidad militar femenina. Ahora también somos pioneros en la cogobernanza, estamos por encima de la paridad en Castilla y León en las presidencias provinciales con seis presidentas y tres presidentes.

—¿Qué hacían aquellas unidades militares?

—Junto con la Dirección General de Tráfico, atendíamos los puestos de primeros auxilios en carretera, como el de Montearenas o Celada de la Vega en la N-VI. Había 27 asambleas con puestos de primeros auxilios con 24 horas de servicio. Nos ayudaba tráfico para la adquisición de una ambulancia, que en aquellos tiempos no llevaba más que una camilla y un botiquín. Y las carreteras eran lo que eran: en Ambasmestas, por donde yo pasaba para ir a mi pueblo, había que echarse a un lado para que pasaran los camiones del pescado que venían de Galicia.

—Hoy las ambulancias son una actividad residual. ¿Cómo se dio el salto a otras actividades?

—En 1986 se produce un cambio rotundo. Cruz Roja empieza a evolucionar a otras cosas. Por aquel entonces, el BBVA había donado para todo el país 2.000 ambulancias. También teníamos 52 hospitales y ahora solo cinco porque la administración se ha hecho cargo de la sanidad. En el de aquí nació medio León. Hemos dejado muchas cosas, pero hemos ido cogiendo otras. Ahora Cruz Roja abarca todo, somos hasta bomberos cuando hay que serlo. Somos una oenegé generalista. Pero hemos sido adelantados a las cosas que hoy son capitales. En 2022, en Castilla y León, hemos atendido a 2.422 drogodependientes (435 en León); hemos atendido a 714 refugiados; hacemos la labor de acogida de menores con 364 familias, gestionamos tres centros de emergencias para víctimas de violencia de género con 319 mujeres y menores atendidos en Burgos (81), Ponferrada (102) y Valladolid (136).

—¿Qué peso tiene Castilla y León en Cruz Roja Española?

—Tenemos 92.899 personas socias y 14.413 voluntarias. Llegó a haber 100.000 en mi primer mandato, pero la pérdida de población nos pasa factura. Estamos en 154 localidades y contamos con 80 asambleas comarcales. Además de todos los programas que se coordinan desde Valladolid, en Castilla y León, nuestro centro operativo es el primer apoyo al centro operativo nacional y tenemos el centro de Gestión de Personal del Noroeste, que supone gestionar las nóminas de 3.500 trabajadores de Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, La Rioja y Castilla y León. Recientemente, hemos asumido la gestión de la Ciudad del Mayor en la parte de tecnología e innovación en atención a la soledad.

—De su etapa como secretario y presidente en León, ¿qué hitos considera decisivos en la evolución de Cruz Roja?

—La rehabilitación de las escuelas del Cid para convertirlas en sede provincial fue importante. Se transformó por dentro para las nuevas funciones sin tocar la fachada y las partes que estamos obligados a conservar por Patrimonio. Invertimos cien millones de pesetas en acondicionarlo. También fue un paso decisivo la compra del edificio de Alcalde Miguel Castaño a la Fundación Chicarro-Canseco que tuvimos primero en cesión. Son 4.250 metros cuadrados donde tenemos el CAD, el servicio de Higiene para el programa de Personas Sin Hogar y las aulas de formación. Pero, aunque no lo parezca, lo más importante de todos estos años ha sido preocuparme de las personas. No tengo nada en contra de nadie y he ayudado desde la Cruz Roja, disparando con pólvora del rey, y a veces también con mi bolsillo. Lo más importante es ayudar a la gente no solo para que tengan de comer, sino para que tengan dignidad y libertad.

—¿Cómo ha afectado la pandemia a la labor de Cruz Roja?

—Hemos vivido cuatro años inéditos en los que hemos sido capaces de dar una respuesta continua y adaptada a circunstancias. Ha supuesto la mayor movilización de recursos, capacidades y personas de nuestra historia. Estábamos en un proceso de transformación de la propia organización, en base a áreas de conocimiento con un enfoque transversal. En este contexto, nuestra respuesta ante situaciones de emergencias ha sido ágil y coordinada. El Plan Reacciona, elaborado con las lecciones aprendidas, se anticipa a posibles necesidades de la ciudadanía. Situaciones excepcionales han sido también la crisis de Ucrania, que ha supuesto el mayor movimiento migratorio tras la segunda guerra mundial, las adversidades climatológicas por grandes incendios y nevadas, así como olas de calor y de frío. La pandemia aceleró la digitalización de nuestra entidad y proporcionamos tablets y conectividad para personas del programa de empleo, niños. niñas y adolescentes.

—Decía que le preocupaba la soledad que viven sobre todo las personas en el medio rural por la despoblación. ¿Tienen algún plan para este problema más allá de la teleasistencia?

—Ahora mismo tenemos solo la telasistencia privada. Conservamos 7.000 terminales. Los otros 16.000 de la Junta han pasado a la empresa que ganó el concurso. Con esta situación, uno de los retos de Cruz Roja es pasar de la teleasistencia a las nuevas soluciones basadas en la inteligencia artificial, en la que la máquina ‘aprende’ y se adapta a la persona usuaria. Tenemos que difundir más este producto. En cuanto a la despoblación, ha pasado a ser en Cruz Roja un eje estratégico y tenemos el reto contribuir a la mejora de las condiciones de vida de las personas en el espacio rural. Llevamos actividad y generamos espacios compartidos con la población. En nuestra Comunidad significa llegar no a muchas personas, sino a las personas estén donde estén.

—¿Qué otros retos tiene ahora mismo la entidad en Castilla y León?

—Hemos sido adelantados en cosas que hoy son capitales. Ahora mismo estamos inmersos en la adaptación de los más de 100 edificios que tiene la entidad en la Comunidad para mejorar la eficiencia energética porque hemos sido incluidos en los fondos de resiliencia. Tenemos que reducir las emisiones y seguir con el programa de compensación de la huella de carbono con plantaciones, pero hay que avanzar en el empleo verde. El mercado laboral está afectado por la transformación digital y tecnológica y a la vez se cruza con la sostenibilidad y el medio ambiente. También tenemos el reeto de rejuvenecernos. Cruz Roja Juventud se creó en los años 70 con este fin y hoy es un referente para la juventud. Son los que cuentan cosas (desde cómo ponerse un condón a la prevención de la violencia de género) que muchas veces no se les dice en casa.

—¿Qué han aprendido de la respuesta a la crisis de Ucrania?

—Cruz Roja es un referente de atención a las personas refugiadas. Las personas inmigrantes vienen para cambiar de vida y mejorarla. Las personas refugiadas vienen porque les quitan la vida. El drama del inmigrante es grande, pero el refugiado no tiene aquí su corazón. Lo deja allí. De Ucrania hemos recibido sobre todo a gente mayor, mujeres y niños porque los hombres no pueden salir, pueden ser movilizados para la guerra.

—¿Se mantendrá la cogobernanza en la próxima renovación de cargos autonómicos y provinciales que sigue a la asamblea nacional?

—Estamos intentando que así sea. Habrá presidenta autonómica y en varias provincias ya está confirmada. En la base es más fácil: en el voluntariado tenemos un 53% de mujeres y un 47% de hombres, en el personal, de las 888 personas que trabajan en Castilla y León, el 80% son mujeres. Pero a medida que se va hacia arriba hay más dificultades para la presencia de las mujeres. No sólo porque hay menos puestos, a veces tampoco están dispuestas.

—En la asamblea que se celebró los días 24, 25 y 26 de marzo le han concedido la Medalla de Oro de Cruz Roja Española. ¿Qué significa para usted irse con el máximo reconocimiento de la institución?

—En la Cruz Roja he hecho de todo, hasta ser el presidente de la Junta Electoral General en la última asamblea. He sido presidente de la Comisión Nacional del Sistema de Información, he estado en Ginebra, en la Cruz Roja Internacional... Me siento muy honrado de haber recibido este reconocimiento después de tantos años vinculado a la institución. Quiero agradecer a todo el mundo la solidaridad para ayudar a los demás en tener libertad y dignidad. Esto es algo que aprendí de mi madre desde niño. Es muy importante todo lo que hemos hecho en la historia de Cruz Roja: recoger muertos, heridos, accidentados, atender a los refugiados, a los niños y las niñas, a los jóvenes, a los inmigrantes, refugiados... Pero hay que estar siempre ahí. Y lo que se hace bien, que sirva para mejorarlo. Porque la Cruz Roja manufactura solidaridad. Cuando hay incendios, como el año pasado, en Ávila o la sierra de la Culebra, hemos evacuado a gente de las residencias, hemos llevado agua a los brigadistas y preparado pabellones deportivos para alojar a la gente. Todas las asambleas tienen su equipo de respuestas básicas en emergencias que se van activando.

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