Diario de León

Regreso a las emociones acuáticas

Las piscinas de la provincia de León ya han abierto sus puertas o están a punto de hacerlo, dispuestas a ofertar cursos de natación, zumba, aquagym y muchas otras actividades, además de garantizar que el verano sea más refrescante

León

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León carece de mar, pero las piscinas municipales de la provincia se abren de nuevo este verano como oasis acuáticos para garantizar momentos de relax y frescor a niños y mayores. Sus aguas cristalinas sirven para zambullirse y olvidarse del estrés diario, pero también ofrecen las mejores posibilidades de ocio con amplios programas de cursillos y divertimento. Aquagym nocturno, para evitar los sofocantes calores del estío, cursillos de natación, zumba para poner música y movimiento, e hinchables pretenden que los días de vacaciones o los ratos de descanso en la provincia también tengan su lado amable.

Además, los ayuntamientos leoneses cada vez están más concienciados con el medio ambiente y poco a poco se extiende el uso de placas solares para ahorrar energía en el mantenimiento de las instalaciones. Cada una en su estilo, las piscinas leonesas han sabido adaptarse a los tiempos para mantener su oferta y conseguir captar nuevos clientes.

Con entornos cuidados, nadie puede escaparse a darse un buen chapuzón en verano. Desde las más modernas en la que la temperatura del agua se puede controlar a través de un teléfono móvil, a las que completan su atractivo con juegos acuáticos, toboganes, setas de agua y hasta olas.

Pequeños mares de interior para no echar de menos la playa. Así que como todos los veranos, en las horas más cercanas a las comidas, se podrá ver a niños y niñas junto a la piscina o en la hierba, esperando impacientes a hacer la digestión.

Por fin podrán bañarse cuando finalice este proceso, que dependiendo del progenitor y de la copiosidad de la comida puede prolongarse más de dos horas para evitar el corte de digestión que provoca un cambio brusco de temperatura. Los expertos indican que la mejor hora para nadar es cuando el cuerpo y la mente están despiertos, activos y preparados para afrontar el ‘entrenamiento’. A media mañana o casi mejor a media tarde; después de un buen calentamiento; llenos de energía y de motivación. Por la presión y la falta de gravedad que se alcanza dentro del agua, el simple hecho de la inmersión proporciona una gran relajación músculo esquelética. Y si se respira de manera relajada tratando de permanecer lo más inmóvil posible, se conseguirá una gran relajación y, se saldrá del agua como nuevo. Al adentrarse en el silencio de la piscina, se desconecta del mundo terrestre. Esa relación que se establece con el agua, al nadar, bucear, o sencillamente flotar, da la oportunidad de parar por un momento y abandonar los pensamientos que conducen a las preocupaciones. Así que las piscinas pueden ser un auténtico oasis.

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