Diario de León

EDUCADORA SOCIAL VOLCADA EN EL SINHOGARISMO

La leonesa que lucha contra la aporofobia

Cecilia Díez Rey acaba de presentar un novedoso trabajo de fin de grado en el que aborda el odio y rechazo social e institucional a las personas sin hogar

Cecilia Díez Rey, en la sede de la Sociedad San Vicente de Paúl donde realizó las prácticas como educadora social. J. NOTARIO

Cecilia Díez Rey, en la sede de la Sociedad San Vicente de Paúl donde realizó las prácticas como educadora social. J. NOTARIO

Ana Gaitero
León

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La aporofobia es el rechazo o discriminación hacia las personas pobres o con vulnerabilidad socioeconómica. La palabra, creada por la filósofa Adela Cortina en 1995, entró en el Diccionario de la Real Academia en 2017 y seguidamente se estableció en el Código Penal como agravante de delitos de odio. «Hasta esa fecha apenas había estudios sobre la aporofobia», comenta Cecilia Diez Rey.

La estudiante leonesa ha revisado la bibliografía dedicada a la aporofobia al sinhogarismo en las sociedades actuales y al papel de la educación social. «Empecé a hacer voluntariado en Cruz Roja y al haber visto de forma directa la aporofobia en esa situación, decidí hacer las prácticas en San Vicente de Paúl que era la única entidad que ofrecía plazas de prácticas dentro del ámbito del sinhogarismo», explica.

Aporofobia

Rechazo o discriminación a las personas pobres o con vulnerabilidad socioeconómica

Tuvo clara la elección porque «la aporofobia está directamente ligada a la situación de sinhogarismo, por ser una situación extrema de privación material unido a la diversidad de situaciones y características del colectivo», subraya. Un rechazo, añade, se agrava cuando estas personas sufren problemas de salud mental.

Durante tres meses hizo sus prácticas con la entidad en labores de acompañamiento a personas sin hogar de los programas Calor y Café, Centro de Día y Casa Hogar. También hizo apoyo educativo a menores inmigrantes en el centro Ozaman.

‘Housing First’

El programa para combatir el sinhogarismo está implantado ya en 13 ciudades españolas

Cuando llegó la hora de hacer el trabajo de fin de grado tuvo claro que la aporofobia a las personas sin hogar sería su tema y decidió hacer un repaso a la bibliografía publicada. Seleccionó una veintena de artículos y lo que más le llamó la atención fue «la aporofobia institucional», que se refleja en aspectos como un «mobiliario público hostil, que dificulta la convivencia en la calle, impedimentos físicos en los portales a donde acuden estas personas o en las multas que les ponen por dormir o por hacer sus necesidades en la calle». «Una necesidad básica para la que no tienen alternativa es rechazada de manera punitiva», apunta. La aporofobia institucional que detectó en la bibliografía no le sorprendió «porque ya la había visto en la calle». «La sociedad tiende a responsabilizar a estas personas de la situación en la que se encuentra o se les acusa de no querer trabajar», explica. Esta visión estereotipada «está cargada de violencia simbólica y la normaliza», precisa. «Está normalizada tanto por la sociedad como por las personas que la sufren», puntualiza en el TFG. Hasta el punto de que las personas sin hogar tienen hasta 13 más probabilidades que otras de sufrir agresiones, humillaciones o insultos.

El trabajo refrendó su experiencia personal. El trabajo diferencia cuatro apartados (género, edad, salud mental e inmigración) y en «todos está el factor institucional». Lo ha visto reflejado «en la invisibilización de las personas mayores de 60 años, por las instituciones y cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado; en inmigración, en la diferencia de trámites legales, dependiendo de la situación socioeconómica; en salud mental, en la falta de una salud mental pública de calidad, es muy precaria y si quieres calidad tienes que ir a lo privado y el género es uno de los grandes problemas del mundo».

Frente a estas situaciones normalizadas de violencia simbólica hacia las personas sin hogar, la violencia física o verbal «es mínima». Otro de los motivos de hacer el trabajo fue combatir la invisibilización que hay en la sociedad del problema, «vi lo necesario que es mencionarlo». «Lo que sale en las noticias es lo más visible, una agresión física o verbal. Pero esto también es violencia».

Cecilia Díez Rey plantea que el sinhogarismo debe ser tratado «desde una visión procesual y multicausal, vinculada a la idea de ciudadanía», algo que se contrapone a «ideología neoliberal que defiende una sociedad individualista en la que cada uno se busque la vida como pueda».

Educación Social

El acompañamiento especializado y la atención individualizada aumentan el éxito

La graduada en Educación Social se ha centrado de forma especial en el sinhogarismo de personas sin techo. Pero el concepto abarca muchas otras situaciones relacionadas con carencias o riesgos en la vivienda que habitan (desde mujeres que sufren violencia de género a personas amenazadas de desahucios o viviendas insalubres). Según los datos que aporta en el TFG, en la Unión Europea hay más de 700.000 personas que viven a la intemperie y en España son entre 8.000 y 10.000 sobre unas 40.000 personas sin hogar. Además, 2,1 millones de españoles residen en viviendas inseguras y 4,6 millones en viviendas inadecuadas. Hay hasta medio millón habitan en viviendas inseguras e inadecuadas. La joven educadora social señala que una de las situaciones de sinhogarismo que se ve con más frecuencia es la de personas migrantes que «no han encontrado alternativa laboral».

Como medida para frenar la aporofobia, cuya máxima expresión se da en el colectivo de personas que sufren el sinhogarismo propone, que el programa housing first se implante en todas las ciudades. Este programa nació en los años 90 en Nueva York y tiene como prioridad ubicar en una vivienda a las personas sin hogar y sin techo, antes que programas de higiene o albergues temporales. En Europa se implantó en Finlandia con éxito y en España se ha extendido desde 2014 a 13 municipios y ha conseguido reducir un 75% los delitos directos de aporofobia, de acuerdo con la bibliografía revisada por Cecilia Díez Rey.

Empezó en Barcelona, Madrid y Málaga y actualmente está implantado, a lo largo de ocho comunidades autónomas, en Avilés, Alicante, Córdoba, Coslada, Arona, Donosti, Móstoles, Zaragoza y Granada. Se han habilitado 287 viviendas en total.

Las personas acceden al recurso con requisitos de edad (mayores de 18) y preferencia para quienes llevan un año o más en la calle, tienen problemas de salud mental o de adicciones. «Se trata de hogares individualizados y distribuidos por diferentes puntos de la ciudad para que no se guetifiquen», precisa. Las personas tienen que aportar el 30% de sus ingresos, solo si los tienen.

Respecto a la incidencia de la educación social en este programa, la estudiante apunta que «donde ha habido acompañamiento especializado la estancia es más larga». «No es suficiente con ofrecer un hogar a la persona en situación de sinhogarismo» —puntualiza— «sino que tiene que ir con ella una un seguimiento y una atención individualizada prolongada en el tiempo que favorezca la estabilidad de dicha persona en el hogar».

Cecilia Díez Rey, que quiere seguir formándose en aporofobia con un máster, subraya que las prácticas que llevó a cabo en la Sociedad San Vicente de Paúl le dieron la oportunidad de probar la herramienta del acompañamiento especializado e individualizado en casos concretos.

«Es la única entidad que realiza este tipo de atención con personas sin hogar en León y es una labor totalmente necesaria», recalca.

Con su trabajo quiere aportar su grano de arena a que la aporofobia «forme parte de nuestro pasado y las personas se valoren por su valor como personas y no por lo que pueden aportar». Los planteamientos éticos de Adela Cortina han sido una fuente de inspiración. La joven educadora social concluye el TFG con un alegato y afirma que el sistema capitalista que fomenta y promueve la aporofobia y con ella los delitos de odio de unas personas a otras. Comportamientos que como sociedad no podemos permitirnos».

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