El cuento no es una literatura de evasión

l Eloy Tizón regresa a las librerías y renueva su compromiso con la experimentación literaria

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León

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antonio paniagua

Eloy Tizón (Madrid, 1964) es un renovador del cuento contemporáneo y un escritor convencido de que la narrativa breve que ha crecido a la sombra del realismo estaba condenada a la repetición de fórmulas obsoletas. Tizón acaba de publicar un nuevo libro de relatos, Plegaria para pirómanos (Páginas de espuma), que, como todos los suyos, ha cuajado a ritmo lento. Después de una década de silencio, el cuentista vuelve a las librerías con el compromiso de no defraudar a sus seguidores. Cree que el relato corto demanda un lector más formado que el de la novela, al menos la que busca no solo el entretenimiento. «El cuento no es una literatura de evasion», sostiene. Y acerca del por qué del título indica Tizón que «es una combinación de palabras que a mí, personalmente, me agrada. La plegaria tiene mucho que ver con la literatura, que tiene algo de rezo, de monólogo interior, de susurro que acompaña a lo largo de la vida. El recogimiento de la plegaria contrasta con la piromanía, que representa el incendio.

Sobre la elaboración de sus historias, el autor afirma que «la literatura es una especie de festival de imágenes. Cuando escribo veo la escena, al personaje y sus movimientos. Si no veo lo que ocurre no puedo escribir. El libro está lleno de imágenes de todo tipo, unas más oníricas y otras más pegadas a lo cotidiano». Y sobre su carácter de escritor de culto, cree que «voy haciendo mi camino con un ritmo pausado. Publico libros que yo creo tienen una cierta calidad. Lo que ocurra luego entra en el terreno de lo incontrolable. Siento cercanía hacia el trabajo de Carlos Castán, Juan Bonilla, Hipólito G. Navarro o Pedro Ugarte..., aunque su literatura es muy distinta a la mía. Observo una sensibilidad que puede tener elementos comunes. Somos la generación previa a internet, anterior a la difusión masiva de juguetes electrónicos. En nuestra educación sentimental tuvieron mucho peso los escritores latinoamericanos del ‘boom’.

El compromiso renovador de Eloy Tizón se sustenta en que «intento no repetir las estructuras que sabemos que funcionan, dignas de admiración en muchos casos. Cada escritor debe intentar aportar algo, aunque sea un pequeño matiz, una cuestión mínima. Dentro de nuestras posibilidades y conforme a nuestra ambición literaria, es legítimo añadir algo al cuerpo del canon literario», tal y como relata.

Y manos a la obra, esa renovación tiene que ver con opiniones que la que arroja sobre el costumbrismo: «Yo creo que estaba agotado. Dio frutos maravillosos, sobre todo en la Generación de los 50, pero algo nos empujaba a intentar encontrar otros caminos. También la vecindad de la literatura latinoamericana, más volcada hacia lo fantástico y lo insólito nos retaba en cierto modo a encontrar nuevas vías. Se puede intentar otro modelo de cuento que no sea un gancho a la mandíbula del lector. El cuento puede funcionar también como una lluvia fina, de manera que se confiera a la escritura un sentido de extrañeza, de misterio, hasta llegar a un final que no sea conclusivo ni determinante, sino que parezca suspendido. -Habla mucho de la necesidad de que el cuento cuento sea una especie de epifanía».

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«El cuento es un género especialmente proclive a trabajar con esos momentos de deslumbramiento que ocurren a veces en la vida cotidiana. Dentro de la existencia más o menos gris que todos llevamos, siempre acontece algo, una visión, un momento de belleza», añade.