En palabras del escritor Pere Gimferrer
«Entre 1947 y 1952, el joven poeta Antonio Gala se caracterizaba por su unicidad. Hay mucha lectura de clásicos y modernos presentida en esos versos, de indeclinable aplomo y seguridad expresiva; pero la voz es solo suya. No recordaré, ya que los lectores de poesía los conocen bien, los nombres de los poetas españoles que por aquellos años publicaban; pero aunque a veces los asuntos tratados (en poesía no hay tantos) lo eran también por otros, el asunto poético no hace el poema, pues lo hacen solo las palabras y los versos. Y, ante el verso (como ante la imagen), Antonio Gala se conduce con una libertad y emoción y también con una inventiva, peculiarísimas, que entonces solo mostraba, en otro metal de voz, Dámaso Alonso; pero leer Poemas de lo irremediable no es, desde luego, una experiencia parecida a la de leer Oscura noticia o Hijos de la ira; ante todo, por una vivacísima presencia de lo andaluz, a un tiempo popular y culto; ni desiste del Barroco ni de lo moderno y puede hacernos pensar tanto en la copla como en la imaginería gongorina (es decir, tanto en Augusto Ferrán —«Si no es andaluz, merecería serlo», dijo de este madrileño J. R. J.— como en los dos hermanos Machado y en la música de los versos respectivos). Hay casi únicamente dos temas dominantes en la mayor parte de esta poesía: Dios y el amor. No son los únicos, pero, con gran diferencia, sí los que más aparecen en este relato de una identidad cercada por su pasión, a la vez endógena y exógena. El Gala chispeante que entreví en Barcelona, en Madrid o en su fundación cordobesa sabía ser a la vez lúdico y grave, del mismo modo que el autor teatral, el narrador, el ensayista a veces epigramático y aforístico no se conciben bien sin la existencia previa del poeta.»
Las obras de Antonio Gala han sido traducidas a las lenguas más importantes. Charlas con Troylo, Dedicado a Tobías, La soledad sonora, Cuaderno de la Dama de Otoño, A quien conmigo va, Troneras, Carta a los herederos y La casa sosegada son recopilaciones de artículos. Ahora hablaré de mí es su libro más íntimo, en el que el autor reconstruye sus recuerdos. Con El manuscrito carmesí obtuvo el Planeta en 1990, a la que siguieron las novelas La pasión turca, Más allá del jardín, La regla de tres, Las afueras de Dios, El imposible olvido y relatos de amor bajo el título Los invitados al jardín y El dueño de la herida. Poemas de lo irremediable es el gran homenaje póstumo.