Exploradoras de León en la Antártida
Las dos profesoras de la ULE en la expedición Homeward Bound ya están de vuelta a casa tras 21 días en la Antártida y listas para mostrar su experiencia como referentes de un nuevo liderazgo femenino para afrontar los retos del planeta.

Foto de familia de la expedición Homeward Bound en la Antártida. DL
Hilde Pérez y Zaida Ortega son las primeras mujeres de León que llegan a la Antártida en una expedición que busca cambiar el rumbo del planeta con un nuevo liderazgo que tenga en cuenta los valores tradicionalmente femeninos. Una ingeniera y una ecóloga que trabajan como profesoras en la Universidad de León, una con una carrera ya forjada y la otra más en los comienzos, aunque lleva años de investigadora.
Una leonesa, Hilde Pérez, y una palentina, Zaida Ortega, que se han sumado a la red de científicas del mundo que construyen «puentes de unión desde la ciencia con las mesas donde se toman las decisiones» y que buscan influir en el cambio que requiere el planeta para sobrevivir a la crisis actual. Después de 21 días de periplo por el continente blanco en el barco Ushuaia volvieron impactadas por «majestuosidad del paisaje, una belleza increíble, poética, que te duele el pecho de contemplarla», señala Hilde Pérez, catedrática de Ingeniería; e impactadas «al mirar las montañas y pensar que nadie pisa por allí», como apunta Zaida Ortega, que admite que «lloraba al contarlo».
En este territorio «sobrecogedor y extremo», tomaron conciencia de que su viaje hasta allí hubiera sido imposible de no ser guiadas por un equipo «superpreparado». Entendieron «la pasión de los exploradores del siglo pasado» y vivieron con especial emoción de cruzarse con el secretario de Naciones Unidas, Antonio Guterres, cuando, desde las mismas aguas heladas, pidió a los líderes de la COP28 que se preocuparan por la Antártida .
‘One health’
La Antártida es más que un lugar en el fin del mundo. Es el termómetro de la salud del planeta. «Cualquier cosa que sucede en la Antártida se refleja en otro lugar del planeta, por una especie de efecto mariposa, y viceversa, lo que pasa en el resto del planeta se refleja en la Antártida», al igual que la desaparición de los lobos cambió el curso del río Yellowstone.
La expedición Homeward Bound a la Antártida, que promueve el empoderamiento de mujeres científicas para cambiar las políticas en el planeta no dejó ni rastro en la Antártida, como mandan las normas. Pero la Antártida dejó su huella impresa en estas dos profesoras que tuvieron el privilegio de contemplar una cría de foca de Weddel a la que se acercó su madre para amamantarla o escuchar, en el infinito silencio que las rodeaba, la respiración de una ballena mientras dormía.
Desconectadas de lo que sucedía en el mundo, con apenas un poco de atención a las elecciones en Argentina, cargaron su mochila con «una energía especial» fruto de la convivencia con las más de 83 mujeres que componían la expedición y la formación que recibieron de las 40 profesoras que las acompañaban. Y dentro de esa mochila, una idea clara: «Promover un cambio en el estilo de liderazgo del mundo es muy necesario. Es un desafío muy a largo plazo», subraya Zaida Ortega.
Las dos profesoras de la ULE forman parte de ese cambio. «El objetivo es establecer una red de mujeres para fomentar un liderazgo más compasivo y empático para la gestión de los recursos del planeta», apunta Hilde Pérez. «Necesitamos políticas conectadas con la ciencia para producir y provocar el cambio», añade.
Se trata de que haya más mujeres donde se toman las decisiones —sólo había 15 mujeres entre 140 speakers en la COP28— y también de que se incorporen valores considerados tradicionalmente femeninos, como «ser sensible, colaborar en vez de competir». El objetivo ahora es «fomentar proyectos para que vayan en la dirección de buscar ese cambio en el planeta».
«A través de esta red podemos generar mucha fuerza y mucho ruido», señalan. El lema stronger together —juntas somos más fuertes— impulsa este encuentro en el que el ambiente de confianza permitía hasta llorar si hacía falta y donde tuvieron ocasión de ver hacerse añicos muchos estereotipos. Una psiquiatra tejiendo con una científica de Kenya con los iceberg de fondo es una de las estampas que se les quedaron grabadas. Las científicas también tejen.
Otro momento emocionante fue cuando una investigadora de altísimo nivel entregó a todas las participantes un collar de resina que había hecho ella misma. El ritual fue toda una declaración de intenciones. «Nos lo entregó en un círculo, de manera que cada una se lo iba poniendo a la siguiente», explican. «Yo no tenía tantas referentes científicas y en aquel ambiente ves que hay una comunidad grande de mujeres muy poderosas», señala Zaida Ortega, profesora de Zoología de la Universidad de León. El mensaje de Jane Goodall, que aunque no acompaña a la expedición, la respalda, lo dice todo: «Vosotras sois las que vais a liderar el cambio».
Además de científicas, también hay políticas involucradas en esta expedición que promueve la fundación australiana y en España apoya la empresa Acciona. la cabeza del Partido Verde Alemánm, Kate Sinclair, o la ministra de Medio Ambiente de Chile Maisa Rojas (que no se embarcó) forman parte de la red en la que está Christine Debouzy, pionera de la aviación en Francia que fomenta la formación como pilotas de mujeres que vienen de países en conflicto. O la geóloga Margaret Mercado, toda una institución en Chile por ser la primera mujer de su especialidad que trabajó en una mina. Mujeres mayores y jóvenes como Gretel de 26 años, la más joven, que acababa de finalizar su doctorado en Nueva Zelanda o la joven ingeniera aeroespacial y artista Pliyanka Das, que no ha podido convertirse en astronauta pero exhibe su obra en la Agencia Espacial Europea.
Durante 21 días de noviembre vivieron en el barco Ushuaia, recorriendo el continente blanco, con temperaturas máximas de -5ºC, con cielo despejado y sol, y mínimas de hasta -25ºC, con más nieve de la que se esperaba.
El pecio argentino, una pequeña embarcación de 42 metros de eslora de los años 70, que perteneció a una misión científica estadounidense, fue el hogar que compartieron las 88 mujeres con 40 profesoras, más la tripulación, de la expedición Homeward Bound. Las tormentas de nieve y los vientos con velocidades superiores a 200 kilómetros les impidieron salir a cubierta durante varios días.
El paso de Drake, la prueba de fuego para llegar a la Antártida, lo hicieron en poco más de dos días. «La sensación fue de ¡madre mía!», aseguran, aunque los datos dicen que «no fue para tanto: tuvimos olas de dos a cinco metros, pero pueden a llegar a alcanzar los 10 metros». Aprendieron a moverse agarradas a los asideros y siempre pendientes de las manos al atravesar cualquier puerta. «Miedo no pasé pero es inquietante cuando ves que hay una gran tormenta como la que nos obligó a realizar un desvío para evitar el paso de Drake», señala Hilde Pérez. «No pasé miedo por la confianza que transmitía la tripulación», añade Zaida Ortega.
Vieron orcas, pingüinos, focas de Weddell y focas cangrejeras, elefantes marinos, ballenas fin, ballenas jorobadas, y el ecosistema donde pequeños langostinos llamados krill, de no más de uno o dos centímetros muestra la interconexión entre las especies animal y vegetal y el medio ambiente. «El krill es la base de toda la cadena trófica en la Antártida. Casi todos los animales se alimentan de ellos o de animales que los comen. El krill depende del fitoplancton y a su vez y este a su vez depende del deshielo en las corrientes», explican. Las bandadas de albatros les impresionaron en el paso de Drake.
Iban contemplando petreles y otras aves mientras se formaban en estrategia personal, ciencia y visibilidad. Iban a ensayar un cambio en el mundo a través de un cambio en sí mismas y en un entorno complejo. Ahora su horizonte más inmediato es compartir su experiencia en los colegios de León como nuevas referentes femeninas de la exploración en la Antártida y participar en proyectos colaborativos sobre el agua, las niñas en el mundo rural, política y ciencia... y todo lo que contribuya a construir la salud planetaria —One Health— como misioneras de la idea de que la salud animal, ambiental y humana son diferentes parcelas de una misma solución y de la conectividad de todo el planeta con la Antártida. Por eso salvar la Antártida es salvar el planeta.