Historias extraordinarias que rompen barreras en León
El club de prensa del Diario de León se llena de historias que inspiran. Seis de los protagonistas de la serie 'Historias de superación' cuentan sus experiencias de vida
Franscisco González, Josean Idoeta, Ana Gaitero, Esther Penía, Beatriz de Haro y Coco Calleja
Un despiste de la conductora a la salida de Benavides de Órbigo dejó parapléjica a Sara Aller. Diez años después de la tragedia que cambió su vida, la joven leonesa debutó en los juegos paralímpicos de París en boccia tras conseguir una plaza para este certamen en el preparalímpico de Coimbra.
Sara Aller es la protagonista de una de las 12 historias de superación que publica Diario de León a lo largo de este año 2024. Después del accidente se despertó en el hospital con un respirador y sin poder moverse. Durante nueve meses estuvo hospitalizada en el Hospital de Parapléjicos de Toledo.
Allí trabó lazos con otras personas que han sufrido accidentes. Un buen día vio a través de Instagram la posibilidad de practicar boccia, un deporte paralímpico que tiene ciertas semejanzas con la petanca. “Me lo propusieron como un cambio de vida y quise darme la oportunidad de probarlo”, señaló en la mesa redonda.
La camaradería que ha encontrado en este deporte ha sido un aliciente añadido a un deporte que, para ella, entraña un reto especial. “Agarrar las bolas con las manos es mi mayor dificultad porque no tengo movilidad. Lo demás es repetición y entrenamiento”, subraya. Tiene disciplina de ejercicio de lunes a viernes, durante dos horas o dos horas y media, con el apoyo de una entrenadora voluntaria.
Sara Aller participó via 'oline'.
Sara Aller compite en la modalidad de discapacidad física y ha podido llegar a París gracias a su esfuerzo por superarse y al apoyo de Soltra. “Me dieron el premio de Inclusión y también participo en su campaña como Incluencer y a raíz de esto me proporcionaron un juego de bolas que son muy caros”.
Disponer del mejor material -asegura- “me dio la oportunidad de conseguir una plaza para ir a París”. Lo consiguió en la modalidad de pareja. “Mi compañero vive en Cataluña y solo pudimos entrenar dos días antes de ir al preparalímpico a Coimbra”, comentó.
Alejandro Gayol
En la segunda edición de esta apuesta editorial por dar visibilidad a vidas extraordinarias, Alejandro Gayol compartió su historia de superación como persona con el síndrome de Asperger. “Es un trastorno neurológico del espectro del autismo, que puede tener mayor o menor intensidad en cada persona”.
Ser persona con Asperger implica habitualmente tener “ciertas dificultades en el ámbito social” por su afectación al ámbito de la lengua y la comunicación. “A veces nos resultan incomprensibles la gesticulación, el tono de voz o las pausas en el tono de la conversación y nos sentimos incomprendidos”. Otras características son que “solemos tener intereses muy restringidos” y “mayor sensibilidad” por lo que “nos sentimos incómodos en entornos demasiado estimulantes”.
Alejandro señaló que en el desarrollo de su vida ha sido clave el diagnóstico temprano, gracias a que en la escuela detectaron que era diferente. Nunca se lo ocultaron ni él tampoco lo oculta, aunque no va con un cartel que ponga que tiene asperger. “Algo que hicieron muy bien mis padres fue ser transparentes conmigo”, valora.
Estudió la primaria en el colegio público de Sariegos y sus compañeros también fueron informados de por qué a veces resultaba un chico raro. “Escribimos en unos papeles por qué un niño actúa de forma diferente, pero no por ello deja de ser sociable y se lo repartimos a mis compañeros”.
Alejandro tiene ahora 17 años y estudia 2º de Bachillerato en el Colegio Divina Pastora. Tiene ciertas adaptaciones y dispone de algo más de tiempo para hacer los exámenes, algo que espera que le ayude en la Ebau porque quiere ser ingeniero informático, además de seguir cultivando la pasión que tiene por la escritura. Su tío escritor le ha servido de inspiración. Ya ha publicado varias novelas en internet y la próxima tiene como protagonista a una joven con asperger para sensibilizar y dar a conocer un trastorno del que “hay poca literatura”, señaló.
Ser asperger “tiene sus fortalezas”, particularmente en el desarrollo del pensamiento lógico y las habilidades en matemáticas. Esto no quiere decir que “seamos personas superdotadas”, aclaró. Se estima que “un 10% tienen altas capacidades”.
Alejandro Gayol señaló que elegir educación inclusiva o especializada para personas con asperger “depende del grado”. Se mostró partidario de la enseñanza inclusiva para las personas con Asperger porque “relacionarnos con personas normales de manera natural es necesario para la vida”, pero la “educación especializada tiene beneficios para ciertas personas”.
“Estudié en un colegio público estándar y me fue bastante bien, con apoyo de logopeda y psicóloga”. Los apoyos y terapias han contribuido a su normalización. “He cogido mucha práctica en las relaciones sociales. Antes no era así, solía estar bastante solo”, aunque no era algo que le hiciera sentir mal. Aún hoy reserva mucho de su tiempo libre para desarrollar sus historias.
Mary
Rompiendo obstáculos se ha pasado la vida María Concepción Ordóñez, Mary. Una actitud que ha tenido que reforzar en los últimos seis años, desde que le detectaron degeneración macular y perdió la vista hasta quedarse con solo un 10% de visión. Las barreras empezaron a deshacerse con su voluntad de mantener la autonomía y el apoyo de la Once.
“Cuando entré en la Once, el ver a otros peor que yo me hizo ser más valiente y volví a subir al autobús”. Su casa está adaptada para moverse con señales que le permiten reconocer cada lugar y cada cosa. Dos personas durante dos horas diarias, una de mañana y otra de tarde, le ayudan con las tareas y le dan bienestar. “Por las tardes le pido que me dé masajes en las piernas para mantenerme lo mejor posible”.
Mary tiene 86 años y se mueve con dificultad, además de que necesita audífonos. “No veo, no oigo y no ando, pero me siento privilegiada. Ni me creo que tengo 86 años, creo que tengo la mitad”, señaló con un humor envidiable. “A los que tengan problemas les digo que no se ahoguen en un vaso de agua; yo, para ahogarme, en un océanos”, afirma esta mujer animosa que no quiere que sus hijos estén pendientes de ella más de lo imprescindible como llevarla al médico.
En su nueva vida ha tenido que renunciar a tejer, hacer ganchillo y manualidades y también a cocinar. “Ahora cocina mi hija”, dice recordando la buena fama que arrastran aún sus guisos. Mary tiene 9 hijos e hijas y 19 nietas y nietos. Son su felicidad y “siempre les digo que no se asusten por nada en la vida”. Ellos también le regalan energía y no puede estar más orgullosa: “Hace poco me dijo una: Abuelita, estoy muy contenta de tenerte como abuela”.
Mary reconoce que siempre fue luchadora. Cuando su marido enfermó “tuve que dejar de andar y echar a correr” para sacar adelante a la familia con la tienda de ultramarinos que fue el sustento. A pesar de todo, “siempre fui muy alegre a pesar de los palos que me dio la vida”. Hace unos días, con motivo de Santa Lucía, volvió a mostrar su talante echándose un baile en la fiesta que organizaron en la Once.
Maria concepción Ordóñez, Carmen Tapia Álejando Gayol
Esther Penía
Esther Penía es haitiana. Su travesía física por varios países hasta llegar a León va acompañada de tragedias personales. La vida no se lo ha puesto fácil. “ Vengo de un país al que queremos, pero del que todo el mundo quiere escapar”, dijo. De su primer destino a República Dominicana viajó a Suiza siguiendo la estela de un promesa de trabajo que resultó no ser lo que ella esperaba. “Conseguí el dinero para el viaje y gasté 5.000 euros que tenía que devolver. Llamé a una amiga de Estados Unidos y me dijo que conocía a alguien en España, que me consiguió trabajo de niñera. Estaba esperanzada en mi futuro y a la espera de sacar mi documentación. Después se trasladó a León donde logró otro empleo cuidando a un niño. “El mismo mes que cumplía el plazo e iba a conseguir mi papeles tuve un accidente que cambió mi vida al subir al autobús”. Su vida dio un giro inesperado e inexplicable, como ella misma lo define. “Se llevó todos mis sueños por delante, una tragedia. Lo siguiente que recuerdo fue estar en el hospital. Después de dos años de operaciones y tratamientos, el médico me dio el alta, pero me dieron pocas opciones”. Una lesión que le afecta a la pierna, por la que tienen un 34% de discapacidad. “Temía que me expulsaran, pero conseguí arreglar mis papeles, aunque no podía trabajar. Me encontré con la vida destruida y sin salida. Entregué mi currículo en muchas empresas, pero cuando iba a las entrevistas y veían mi discapacidad, me decían que no estaba en condiciones de trabajar. Hay cosas que no puedo hacer, como estar mucho tiempo de pie”.
Pero después de llamar muchas pruebas, Soltra respondió a la solicitud de trabajo presentada en el Ildefe. “Después de la entrevista llegué a casa ilusionada. Me dieron el trabajo y por fin tenía un contrato”. Otra prueba personal que tuvo que superar fue el trauma que me quedó de subir a un autobús. “Subí ese primer día y superé ese obstáculo y al cabo de dos meses ya cogía el autobús sin problema. Ese contrato fue mi nuevo nacimiento, mi vida ha cambiado”. Esther se confiesa creyente y no para de agradecer a Dios y a Soltra la nueva oportunidad que le da la vid. “Sin carrera y sin nacionalidad, todo estaba mal en mi vida, pero ahora todo ha cambiado”.
Josean Idoeta: "Ofrecemos proyectos de vida"
El CEO de Soltra, Josean Idoeta, defiende no sólo la generación de oportunidades laborales “sino proyectos de vida. Lo importante son las personas. Lo que diferencia a las personas es la C de la actitud y estas personas tienen una c mayúscula. Lo único que necesitan es una oportunidad porque el mérito es de ellas. Soltra da empleo directo a 1.600 personas en España, Dinamarca y México, países en los que está implantada y calcula que en tre los indirectos suman 2.000 puestos de trabajo.
Beatriz de Haro: "Nunca hay que perder la esperanza"
La vida de la familia De Haro Rodríguez dio un giro radical cuando recibió el diagnóstico de su hijo: Fibrodisplasia Osificante Progresiva (POP). Beatriz, su madre, ha dejado de trabajar para dedicarse por completo a la atención y el conocimiento de la enfermedad. “Nos dijeron que era una enfermedad rara, que no había tratamiento,y no nos dieron opciones. Nos advitieron que empeoraría con el tiempo”. Ante la presentación de esta realidad la familia se movilizó. La asociación Por dos Pulgares de Nada nació para recaudar fondos para dedicar a la investigación. “La visibilidad es más importante que el dinero”, dice tras llevar más de 200.000 euros recaudados, de los que 100.000 ya están dedicados a investigación. “León se ha volcado con nosotros. Es importante da visibiidad a la enfermedad porque hay muchos pacientes que dejan de luchar. Hemos conseguido que haya personas que perticipen en ensayos clínicos. Darío no puede participar todavía hasta que no tenga cinco años, pero ahora tiene un tratamiento biológico compasivo que le han puesto en el Hospital de León que le va muy bien”. Con los 100.000 euros que todavía están pendientes de destino “estamos pensando en contratar a un investigador a tiempo completo para la asociación”. El objetivo es conseguir un tratamiento que ayude a Darío a llevar una vida normal y pueda cumplir sus sueños “y ayudar a otras personas con su misma enfermedad, que son unas cuarenta en toda España”. Lo que más valora es el compromiso de las personas, la solidaridad “y todo lo bueno que hemos encontrado con este mazazo. Nunca hay que perder la esperanza”.
Francisco González
Francisco González, responsable de empresas de Caja Rural de Zamora, destacó la “ilusión y la atención presencial” por la que apuesta la entidad “sobre todo en el medio rural”. “La niña bonita de Caja Rural es su Fundación, que es con la que participamos en los proyectos de vida para ayudar a personas individuales y colecivos sociales o culturales. Llevamos tresinta años en León y siempre estaremos aquí para los que nos necesiten, apoyando proyectos de calado”.
Coco Calleja: “El tratamiento psicológico es importante, hay que sacar fuerzas”
Coco Calleja participó en la mesa ‘Vidas que inspiran’. Es una de las primeras personas contagidas con el covid. “Fue el 20 de febrero de 2020. Tenemos muy clara la fecha cuando nos cambia la vida”. Lo que no sabía entonces Coco es cómo iba a cambiar su vida. Seis meses después de los primeros sísntomas le diagnosticaron covid persistente. “He pasado por muchos servicos hospitalarios y cinco años después todavía no saben qué tengo”. Los médicos no ponen nombre a toda una serie de síntomas que le han cambiado la vida “invisibles, pero discapacitantes” como fatiga crónica, fibromialgia, disautonía (fallo del sistema nervioso central), tensión alta, alteraciones cardiacas, fotofobia, trastorno de la memoria, lo que comunmente se llama “niebla mental”, dolor crónico, mareo… “El covid ha quedado olvidado y también nos han olvidado a las personas que tenemos covid persistente El sistema sanitario no nos ha dotado con recursos para intentar que nuestra vida mejore”. Porque con la enfermedad llegan los problemas económicos. “Cuando me dieron de alta por el covid pedí una excedencia en mi empresa por seis meses para recuperarme y cuando faltaban quince días para incorporarme, en una revisión rutinaria me detectaron un cáncer de mama”. Ante la gravedad del diagnóstico su respuesta no fue la esperada. “Pensé que tenía un periodo más largo para recuperarme del covid. Vivía sola en Madrid y los amigos y vecinos me ofrecían ayudas puntuales. Me iban a dar 16 sesiones de quimioterapia y yo estaba sola. Pedí a una trabajadora social que me facilitaran una ambulancia para los traslados al hospital, que estaba a siete kilómetros de mi casa, y lo que me dijo fue que yo no tenía aspecto de estar enferma y que era joven y no estaba en situación terminal”.
Sin apoyos de familia ni amigos su vida cambió cuando se apuntó a un curso en la Universidad de León. “He conocido a gente que ha cambiado mi vida y nos hemos involucrado en un grupo de prevención del suicidio. La fuerza la tienes que sacar. El tratamiento psicológico es importante”. Pidió empatía y comprensión “hacia las personas que padecen enfermedades invisibles” y reclamó más investigación no sólo privada sino pública. “Los procedimientos para conseguir una discapacidad laboral son muy largos, las administraciones públicas se tienen que implicar más”.