Viento marciano
Ariadna Farrés y Jennifer García Carrizo en una EVA. Jennifer García Carrizo
Comienza el día con una EVA en los alrededores de la estación. La ingeniera Helena Arias ha estado imprimiendo con su pequeña impresora 3D los dispositivos de apoyo para unas pequeñas placas solares que la ingeniera aeroespacial Estel Blay ha instalado esta mañana.
Quieren estudiar soluciones para optimizar su rendimiento y eficacia en situaciones adveras como las que tenemos en Marte: mucha arena y viento en el ambiente.Por mi parte, he aprovechado para seguir trabajando en el escaneo del vídeo 360° de la estación. No ha sido tarea fácil. ¿El problema? Otra vez el viento y la arena.
El trípode se caía, las lentes se llenaban de arena marciana y, en una de esas, se me ha roto el protector de lente. Ha sido un aviso claro de que debo comenzar por lo esencial: primero escanearé el interior de la estación y luego continuaré con el exterior. No vaya a ser que me quede sin cámara y se pierda la parte más interesante del proyecto sobre cómo hacemos que nuestra vida aquí sea sostenible. Y estas cosas pasan porque, efectivamente, la cámara pesa muy poco. A Marte hay que viajar ligero: cada kilo que traemos hasta aquí tiene un coste económico y medioambiental.
Transportar un kg a la estación espacial cuesta entre 25 y 40 mil euros y, a Marte, entre 500 mil y un millón de euros. Por eso, hemos tenido que viajar con lo mínimo. ¿Conseguiré volver a la Tierra todo intacto?