«Europa se mira en España para afrontar futuras pandemias»
Marina Pollán acababa de tomar las riendas del Instituto Nacional de Epidemiología cuando el covid explotó en China sin que en Europa, ni en España, se calibrara su impacto global.

Marina Pollán, en el jardín del Instituto de Salud Carlos III.
Marina Pollán Santamaría (La Bañeza. 1960), actualmente directora del Instituto de Salud Carlos III, acababa de tomar posesión como directora del Centro Nacional de Epidemiología al eclosionar la pandemia de covid en España en marzo de 2020. Experta en estudios sobre el cáncer, se vio metida de llena en una enfermedad que se transmitía con tanta facilidad como misterio.
—¿Cómo vivió la llegada del covid?
—Recuerdo la primera reunión en el ministerio, comentaron la situación en China y nadie estaba pensando en que aquello podía llegar aquí. Ese es el primer recuerdo y luego muchísimos otros, claro, porque la pandemia nos afectó mucho en nuestro trabajo y luego estábamos en Madrid, que es una de las zonas más afectadas en la primera ola.
—¿Qué supuso la pandemia para el Centro Nacional de Epidemiología?
—El Centro gestionaba la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica, la Renave, pero el sistema no estaba preparado para recibir la ingente cantidad de información que llegaba porque se producían muchos casos cada día. Tuvimos que reformar esa herramienta y todo el mundo se puso a disposición del departamento de transmisibles. Al principio el trabajo era muy frustrante. Las comunidades autónomas solo mandaban datos agregados del número de casos y era una información incompleta. Era imposible saber exactamente cuántos casos se habían producido en un determinado territorio. Rescatamos la herramienta de vigilancia diaria de la mortalidad, el MoMo, que se había ideado por una ola de calor para observar la sobremortalidad.
—¿Y qué vieron?
—A mitad de marzo fue el pico, el exceso de mortalidad realmente nos impactó. Pedimos permiso para poner esa información visible, que era un exceso de más de 40.000 muertes respecto a las esperadas. No todas eran casos de infección de covid, obviamente, pero el Sistema Nacional de Salud estaba muy tensionado por la situación de la pandemia. También había personas que no pudieron seguramente ser atendidas en un momento agudo o que sufrieron retrasos. En fin, eso fue muy impactante.
—¿Fue lo que más le impactó?
—La primera ola, desde luego. Nunca habíamos visto un exceso de mortalidad así en este sistema de vigilancia de la mortalidad diaria. Cuando vi el pico tan grande dije, Dios mío, a lo mejor no nos dejan publicarlo, pero desde el principio tuvimos total transparencia. También me impactó al ver en el estudio de seroprevalencia la foto de cómo era la difusión del virus en la primera ola que la aglomeración de mayor impacto fue en el centro del país, en Madrid, irradiando hacia las comunidades autónomas.
—Por la mayor cantidad de población, pero proporcionalmente, ¿cuál fue la zona más afectada?
—No, estaba corregido. En esa primera ola, mostró una prevalencia global del 5% en España y en Madrid la prevalencia de personas que se habían infectado superaba el 10%, el doble. En las islas y en la mayor parte de la costa era del 1-3%. Se veían grandes diferencias geográficas y tenía la pinta de que mayoritariamente, aunque había otros focos de llegada, de que la epidemia se había extendido en la mayor parte de la península desde Madrid hacia la periferia.
—¿Qué fue de la inmunidad de rebaño?
—La proporción de personas que estaban infectadas estaba muy lejos de lo que se consideraba la inmunidad de rebaño (70%) y mira lo que estaba pasando. Era muy arriesgado dejar circular libremente el virus y que se infectara todo el mundo para desarrollar la inmunidad.
—El municipio de más de 10.000 habitantes con mayor tasa de mortalidad en España es su pueblo, La Bañeza.
—En ese momento no lo sabíamos. Yo sabía que La Bañeza estaba muy afectada y que en León había habido una gran afectación, pero desconocía ese récord que desafortunadamente vivió mi ciudad y que parece que se atribuye, entre otras cosas, a los carnavales.
—¿Qué crítica haría de la gestión de la pandemia y qué lección se ha aprendido?
—Una lección es que en un momento de crisis las cosas no se pueden improvisar. Si no tienes unas estructuras como los laboratorios de referencia del Centro Nacional de Microbiología, como el sistema de información que teníamos, si no hubiéramos tenido el MoMo hay muchas cosas que no hubiéramos podido tener en consideración. Todo lo que funcionó es porque ya existían esos elementos de recogida de información. En el ISCIII, el Centro Nacional de Microbiología fue el primero en poner a disposición las PCRs para poder diagnosticar la nueva enfermedad y de hecho los primeros casos se diagnosticaban allí. Ahora mismo Europa está haciendo un esfuerzo para aprender lecciones de la pandemia y estar mejor preparados. La iniciativa Be Ready pretende contar con un sistema ya consolidado dentro de Europa para poder hacer ensayos clínicos de manera muy rápida cuando venga una pandemia y se tenga que evaluar un tratamiento que pueda ser necesario para esos casos. En el instituto tenemos una red, financiamos una plataforma que es una red de unidades de ensayos clínicos que se llama Scren que se utilizó en el ensayo de las vacunas, el CombiVax.
—Aunque cueste imaginarlo, puede volver a ocurrir, ¿no?
—Claro, pandemias hemos tenido y hemos vivido más. Cuando empecé a trabajar como epidemióloga teníamos la pandemia de Sida. La vía de transmisión es muy diferente y la vía respiratoria, por donde se contagia el SARS-CoV-2, es mucho más rápida y más inclusiva. Espero que pandemias con las consecuencias tan importantes que tuvo la covid no estén a la vuelta de la esquina, pero ahora tenemos un mundo muy globalizado y la transmisión de nuevos agentes infecciosos es más fácil.
—¿Qué supuso el estudio de seroprevalencia que lideró?
—Nos permitió dar una foto de cómo fue la penetración del virus. Vimos que la infección afectaba a todos los grupos de edad aunque no la gravedad. Que los datos de más afección en mujeres estaban distorsionados porque el test de diagnóstico solo estaba disponible para casos graves y trabajadores esenciales y en salud el 75% son mujeres. Cuantificamos el porcentaje de infecciones asintomáticas, de casi de un tercio. Al repetirlo en la segunda ola, vimos el cambio de afectación por grupos socioeconómicos. La primera afectó prácticamente a todos, con un poco más en clases altas por los viajes de trabajadores al extranjero. En la segunda ola las personas más desfavorecidas tenían un porcentaje mayor de infección probablemente porque vivían en hogares donde es más difícil aislarse. Diferencias por grupos de edad y sexos: En las mujeres había mayor afectación entre 50 y 60 años, porque las cuidadoras mayoritariamente son mujeres, se podían aislar menos. En los hombres había un pico en gente más joven, suponemos que por esa necesidad de juntarse y hacer fiestas que sabemos que se hicieron durante el verano que hubo un momento más de relajación. Vimos que el mayor factor de riesgo era convivir con una persona que tuviera o que pudiera ser un caso compatible con covid y vimos el efecto de las mascarillas. Un epidemiólogo muy reconocido internacionalmente, que trabaja en Harvard, dijo que el estudio nacional de seroprevalencia era un regalo de España al mundo. Fue un éxito internacional fruto del esfuerzo colectivo y fue un orgullo liderarlo.