Carmen Lomana relata a Íker Jiménez sus escalofriantes experiencias paranormales: "Días después de morir Guillermo, una luz se acercó a mí, me abrazó y sentí electricidad en mis labios"
La leonesa asegura que reconoció a su abuela paterna Patrocinio, a la que nunca conoció, durante una sesión de ouija

Carmen Lomana llega al tanario de León tras la muerte de su madre, la leonesa María Josefa Gutiérrez-García y Fernández-Getino.
Carmen Lomana ha relatado por primera vez en público las experiencias paranormales que ha vivido a lo largo de su vida durante su visita al programa Cuarto Milenio de Íker Jiménez de este domingo 30 de marzo. Sus sobrecogedores testimonios incluyen desde la escalofriante respuesta que tuvo cuando se adentró en la ouija siendo muy joven hasta las vivencias que dice haber presenciado tras la muerte de su único marido, el chileno Guillermo Capdevila.
Carmen Lomana, que se quedó viuda a los 49 años, nunca había contado públicamente estas experiencias inexplicables hasta la publicación de su autobiografía 'Pasión por la vida' y su relato frente a las cámaras en la entrevista realizada por Íker Jiménez y Carmen Porter ha devuelto a su recuerdo los trágicos momentos que padeció tras ese fallecimiento. Lo que vino después resulta escalofriante.
El popular personaje del mundo del corazón, de origen leonés, tras mencionar su experiencia con la ouija se adentró en el universo que la envolvió tras la trágica muerte en accidente de tráfico de su esposo, con el que vivía en San Sebastián.
Habían pasado el verano de Chile con la familia de Guillermo -la socialité reconoce que eran férreos seguidores de Pinochet pese a que su joven marido era lo contrario- pero ya se encontraban en España. Fueron sus últimas horas juntos en un momento de la relación sentimental "de felicidad plena". Había pasado la Navidad y su marido, un reputado diseñador industrial, le dijo: "Vamos a pasear a Biarritz y a despejarnos". Eso hicieron. Tal y como ella lo explica, fue un día extremadamente feliz, tanto que no dejaba de decirle a su marido que "tanta felicidad daba miedo". Fue algo premonitorio.
De vuelta a casa, en el chalé donde vivían cómodamente, Carmen Lomana presintió que algo malo iba a pasar. "Estaba moviéndome por la casa dando vueltas como un oso". A la mañana siguiente, cuando la leonesa despertó se encontró a su marido arreglado para salir de casa. "¿Dónde vas, si es que estás tan guapo que parece que vas a una boda". Le respondió que a Pamplona, donde tenía asuntos laborales que resolver. Quedaron en que Guillermo le llamaría si volvía a comer. Pero no lo hizo y ella aprovechó la ausencia para ir a San Sebastián a la peluquería.
"Hacía un día de lluvia horroroso y cuando aparqué el coche vi que no estaba el suyo", contó en el programa de Íker Jiménez. "Cuando entré en casa el teléfono estaba sonando". Se queda unos segundos en silencio para continuar: "Era la policía de Pamplona diciéndome que mi marido había tenido un accidente y que estaba muy grave". Se quedó paralizada. No tardó mucho en saber que había muerto.
Su dolor era tan grande que su madre, la leonesa María Josefa Gutiérrez-García y Fernández-Getino, no quiso dejarla sola ni un minuto. La experiencia paranormal llega cuando Carmen Lomana, engullida por la nostalgia, vio a su marido días después de fallecer. "Ocurrió a las cinco de la madrugada, al amanecer". "Vi aquella luz, como brillante, con la forma de Guillermo. Se acercó hacia mí, yo estaba tumbada en la cama y puso los brazos alrededor de mi cuerpo. Se acercó y sentí como electricidad en mis labios, yo creo que intentaba besarme. Le dije ‘Guillermo tengo miedo’ y desapareció". Eso ocurrió después de escuchar un ruido enorme -"como si se hubiera caído algo, un golpe seco"- y fue cuando vio la figura de Guillermo junto a la cama donde dormían. "Yo me había acostado en mi lado, el izquierdo".
Cuando acertó a contar todo aquello, su madre se preocupó y le pidió que se fuese a vivir a Madrid, donde tenía el piso donde hoy sigue viviendo, para cambiar de vida e intentar olvidar la tragedia a la que se añadía el peso de no haber podido tener hijos, pese a los tratamientos a los que se sometió, según su relato.
El jesuita José María Pilón, que era amigo de su madre, confirmó que el amanecer es la hora en la que se suelen producir este tipo de sucesos y le dijo que tenía la presencia de Guillermo sobre su cabeza, que lo dejara ir en paz. Incluso hubo un momento para que le pidieran rezar el rosario.
Todo aquello no acabó ahí. Guillermo Capdevila fue enterrado en el cementerio de León. "Yo siempre le decía que cuando uno de los dos nos fuéramos nos contáramos cómo estaba el otro. Yo creo en la reencarnación, en que las energías entran en otra persona cuando te vas", vino a contar, a lo que su esposo siempre le contestaba con un "anda" o "no digas eso". El hecho es que Carmen Lomana mandó arreglar el panteón familiar de León, cuarteado por el frío. "Con lo poco que le gustaba el frío a Guillermo...". Asegura que cuando le llamaron de la marmolería para entregarle la obra tuvo la suerte de acudir con su hermana. "Porque, si no, con lo que voy a contar ahora la gente pensaría que estoy loca". Cuando acudía al cementerio con la desesperación de quien acaba de perder al ser que más ha amado preguntó en alto: "¿Cómo estarás, Guillermo?". "Y en aquel momento empezó a sonar la canción que a él más le gustaba, que era 'Libre' de Nino Bravo. Y qué mejor manera de ser libre que la muerte".
Expertos en parapsicología señalan que estos fenómenos son consistentes con otros casos documentados de experiencias post mortem en España.
Respecto a su experiencia con la ouija, Lomana mencionó a su abuela paterna Patrocinio, a quien no conoció y de la que dijo que había fallecido "sin saber ya quién era". Contó Carmen Lomana que ella nunca había creído en el esoterismo, pero participó en su primera Ouija a los 20 años, cuando trabajaba en el Londres donde conoció a Guillermo Capdevila. Fue junto a un grupo de amigas: “Decidieron que podía ser divertido hacer la ouija. Yo les dije que en mi casa ni hablar porque, aunque no creía mucho en eso, me daba miedo que una presencia se quedase en mi casa”. A continuacion explicó que la presencia que apareció la expulsó de allí. El vaso se movió directamente hacia ella: “Moviendo el vaso dijo que una persona de esa sala debía irse. Cuando le preguntaron a quién se refería el vaso vino directo a mí”.
No volvió a compartir esa experiencia hasta muchos años después, cuando ya era una mujer casada. También unos amigos le propusieron hacer la ouija cuando vivía en San Sebastián. Carmen accedió a hacerlo en su propia casa tras una primera negativa. Nunca imaginó lo que estaba a punto de suceder: “Apareció una presencia que dijo que me conocía y, por los datos que dio, reconocí en ella a mi abuela Patrocinio, una mujer a la que yo no llegué a conocer pero de la que me habían hablado muchísimo”. Lomana lo dejó ahí.

Carmen Lomana tenía 49 años cuando murió su marido

Carmen Lomana presenta sus memorias

El popular personaje del mundo del corazón ha mostrado su cara más oculta

Carmen Lomana y su fallecido marido Guillermo Capdevila

Carmen Lomana se mostró contundente en el programa de Íker Jiménez
