Los 36 días a pie hasta León de 1.700 ovejas extremeñas
El rebaño de José Manuel Sánchez Miguel llegará a Valverde de la Sierra tras participar en la Fiesta de la Trashumancia de Prioro este sábado
La expedición con el rebaño trashumante cerca de Villamuñío, el domingo.
Treinta y seis días de camino, a pie, cumple este jueves el rebaño trashumante extremeño que salió de la localidad cacereña de Huertas de Ánimas el 14 de mayo con destino al puerto de Valverde de la Sierra, en la montaña oriental leonesa. El ganadero José Manuel Sánchez Miguel encabeza la expedición de nueve personas que dirige el ganado por la Cañada Oriental Leonesa y sus cordeles a lo largo de más de 600 kilómetros. El fin de semana las merinas extremeñas entraron en la provincia leonesa, rompiendo el silencio con el son de los 200 cencerros y sembrando de semillas su paso por el viejo cordel que conduce a Prioro. En Vecilla de Valderaduey ya atisbaban los picos de la cordillera, pero fue el domingo, a su paso por El Burgo Ranero, cuando contemplaron sus perfiles grises de forma nítida. Una señal inequívoca del final del heroico trayecto. Por delante de la estación, recordó José Manuel Sánchez, el padre del ganadero, los tiempos en que siendo un niño de diez años llegó con un rebaño extremeño al desembarcadero que estuvo habilitado durante décadas para facilitar la trashumancia. «Cumplí los 11 en el puerto de Pandetrave», afirma el hombre siempre pendiente de las ovejas. La mayor dificultad de estos 36 días de camino no ha sido ni el calor ni la lluvia ni las tormentas, sino los sembrados. Las cañadas han menguado su anchura de los 70 metros de los tiempos de la Mesta a menos de diez metros. «Es un dominio público que no hay que perder», reclama Ricardo de Diego, que cumple su sexta trashumancia. Este alcarreño dejó su trabajo como decorador de interiores para trabajar a la luz del día, con el ganado o en el monte, pero «siempre con un fin social».
Este jueves su meta fue Otero de Valdetuéjar. Los pastores aminoraron el paso del rebaño para llegar a Prioro a la Fiesta de la Trashumancia del sábado, donde serán las protagonistas de la tradición de un pueblo de "pastores, curas y monjas".
El rebaño va contento, van contentas las personas y los mastines y careas y también Camarón, el burro andaluz que carga en sus alforjas parte de la intendencia diaria.
"Las ovejas ya conocen el camino", dicen los pastores y no se las ve que extrañen. A un ritmo de 20-25 kilómetros diarios, enfilan la cañada al amanecer y se les da un careo mientras avanzan y comen. Al mediodía descansan para evitar el calor y facilitar la rumia y por la tarde emprenden de nuevo el camino, con otro careo.
Cuando el sol empieza a caer, en el lugar señalado, preparan el corral o majada improvisada para pasar la noche, cercada con un pastor eléctrico.
El cansancio de casi cinco semanas de caminata no merma las ganas de llegar a la montaña. Es el premio al esfuerzo. La trashumancia es la forma de alimentar al ganado extensivo con los gastos de temporada en el verano en el puerto y, cuando cae el otoño, hasta la primavera en las dehesas extremeñas o los páramos y riberas en el sur de León para los rebaños trasterminantes.
José Manuel Sánchez Miguel se decidió a hacer la trashumancia a pie desde su pueblo, Huertas de Ánimas, a la montaña leonesa como homenaje a su padre, que la hizo durante años, en los trenes, desde Extremadura a León, pero también movido por la necesidad. La sequía acechaba en el sur en 2023. Ha repetido en 2024 y 2025, a pesar de que la primavera ha sido más generosa en lluvia. Hay que conservar el puerto para lo que pueda venir y gracias a la Fundación Monte Mediterráneo cuenta con Max, un joven alemán que trabaja de pastor durante toda la temporada en Valverde de la Sierra.
Los preparativos de la trashumancia empiezan mucho antes de la salida. En la época de la esquila, los ganaderos se fijan en las ovejas que tienen la mejor condición para colgarles los cencerros. El sonido orienta a todo el rebaño y va anunciado su paso por las cañadas y cordeles.
Los 36 días de camino, hasta este viernes, han sido tranquilos. El único mal sabor de boca se lo llevaron en Medina del Campo, donde un policía, "uno solo", matizan, les ordenaba que ataran a los perros en una demostración de ignorancia del manejo del ganado y del derecho de paso por la cañada de esta villa que fue capital de ferias merineras.
Una pequeña mota en el camino que quedará borrada a los pies del Espigüete.