Los cuidados tienen rostro de mujer, en casa y fuera

Cuidadoras no profesionales en una foto de archivo frente al Musac.
El número de personas cuidadoras no profesionales por las que cotiza el Estado desde que se recuperó este beneficio ha pasado de 979 en 2022 a 1.314 en marzo de 2025, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.
Este dato no coincide con el de personas que tienen reconocida la prestación de cuidados familiares —8.030 en la provincia— porque no todas las personas que son cuidadoras principales están en situación de cotizar o bien tienen otro trabajo.
León es la provincia de Castilla y León con mayor número de personas que cotizan como cuidadores no profesionales, por delante de Valladolid con 1.049 cotizantes en este régimen especial. La tercera provincia con más cotizantes es Palencia, con 821, seguida de Burgos con 674, Zamora con 515, Ávila con 303, Salamanca con 291 y Soria con 119.
Un total de 89.010 personas figuran como cotizantes dentro de este convenio especial con la Seguridad Social. La mayoría de estas personas, el 87,6%, son mujeres, según el Imserso. Madres, hijas o hermanas que se ocupan de familiares mayores con depedencia u otros miembros de la familia con discapacidad.
En cuanto a las personas que perciben las prestaciones por atención a la dependencia, en Castilla y León el 63,3% son mujeres, lo que es correlativo con la población envejecida.
En la provincia de León, de las 24.488 personas dependientes con prestaciones reconocidas, 5.689 tienen su domicilio en el municipio de León, 2.936 en Ponferrada, 1.211 en San Andrés del Rabanedo y 14.652 en el resto de los municipios de la provincia.
En Castilla y León el número de personas que reciben prestaciones en relación con la población está muy por encima de la media nacional: el 30,4% frente al 24,0% nacional. La atención a las personas dependientes se presta prioritariamente a través de los servicios (78,6% del total en Castilla y León sobre 69,2% de media en España).
Los cuidados profesionales también están feminizados. El rostro de una trabajadora de los cuidados es el de una mujer mayor de 45 años, extranjera, con un salario bajo y condiciones laborales precarias, un perfil que se parece mucho «al retrato robot de la pobreza».