Diario de León

Una superabuela que abraza a la vida igual que abrazaba a las ovejas cuando era niña

Teresa Fernández Casado, una vecina de la localidad leonesa de Zambroncinos del Páramo, cumplirá este martes 112 años. Sigue viviendo en la misma casa en la que nació en 1913 y sigue recibiendo el cariño de sus familiares y de las 96 personas que viven en el pueblo

Teresa Fernández Casado acompañada de su familia.

Teresa Fernández Casado acompañada de su familia.ramiro

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El 29 de julio siempre será un día marcado para los habitantes de Zambroncinos del Páramo, ya que, tal día como ese, en 1913, nacía Teresa Fernández Casado, la menor de ocho hermanos —cinco hombres y tres mujeres— que está a tan solo un día de cumplir 112 años. Según el INE la provincia de León cuenta con 366 personas que superan los 100 años.

Teresa es la persona más longeva de León y una de las pocas supercentenarias de España. En ese pequeño rincón de tan solo 96 habitantes ha estado viviendo desde que nació y vive en la casa que un día fue de su madre, aunque ahora afirma que «esta casa es mía».

Creció haciendo labores de cuidado de ovejas «de pequeña era pastora», recuerda. También fue a la escuela lo suficiente para aprender a leer y a escribir, sin embargo, desde muy joven, su principal misión fue «cuidar hijos», afirma su hija Rosalina.

Con 18 años contrajo matrimonio y todavía recuerda el nombre de su marido ya fallecido: «Mi marido se llamaba Julián, pero ya murió». De aquella unión nacieron nueve hijos, de los cuales ocho siguen vivos y oscilan entre los 93 y los 73 años, Teresa aún es capaz de recordar el nombre de la mayoría de ellos. Por otro lado, tiene once nietos —muchos ya jubilados—, nueve bisnietos, un tataranieto y otro en camino.

«Tenía muchas amigas en el pueblo», explica Rosalina, pero, por desgracia, «mis amigas ya están muertas», lamenta Teresa.

Hasta el año pasado, Teresa aún podía comer sola, sin embargo, un problema médico le hizo perder la movilidad de la mano derecha, aunque sigue usando la izquierda para comer el pan. Siempre ha comido de todo y disfruta especialmente un buen plato de lentejas, un cocido o el pollo, el cual afirma que le gusta mucho.

Cada mañana se levanta a las 10.00 y desayuna una taza de leche junto con algunas galletas y, a veces, un kiwi. Los vecinos, siempre que pueden, no desaprovechan la ocasión de acercarse a saludarla. De pequeña perdió la visión de un ojo mientras cavaba entresacando remolacha debido a un acero de un azadón que le rebotó en el ojo y ha ido perdiendo visibilidad en los últimos años.

Teresa es capaz de recordar a su madre Manuela, que llegó a vivir hasta los 88 años. Rosalina cuenta que su madre siempre fue una mujer muy buena, a lo que Teresa apunta, «demasiado buena he sido».

Un día especial

Antes las celebraciones reunían a toda la familia, con una gran comida acompañada de cervezas y tarta. Ahora es más complicado porque «cada uno está en un sitio», explica Rosalina. Sin embargo, cada 29 de julio sigue siendo un día muy especial para todos los habitantes de Zambroncinos.

Bajo el techo de su casa, Teresa abraza a la vida con la misma ternura con la que abrazaba a las ovejas que cuidaba de niña en el campo. En cada rincón de su hogar hay una historia. Aunque muchos de sus acompañantes se hayan ido, el cariño de su familia sigue presente y el calor de sus vecinos mantiene viva la llama de su vitalidad.

Para una persona que ha vivido una república, una guerra civil, dos guerras mundiales, una dictadura y una transición democrática, la palabra libertad coge un sentido especial que hace que se permita decir, con sorna, la frase más libre de todas: «Yo puedo decir lo que quiera», señala.

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