Ana Isabel Martínez de Paz: "Ser mujeres y de entorno rural dejó en el olvido a las Cainejas"


Ana Isabel Martínez de Paz, durante la presentación de las jornadas Mujer y Montaña en la Diputación.ÁNGELOPEZ

León

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Ana Isabel Martínez de Paz (León. 1963) coronó por primera vez el Naranjo de Bulnes en 1985 y ha repetido cumbre 105 veces, aunque tiene pendiente un reto. Subir por la cara oeste, la directísima y la más difícil. Es vicepresidenta de la Federación de Deportes de Montaña, Escalada y Senderismo de Castilla y León (FDMESCYL) y sacar del olvido a sus antecesoras, las Cainejas, es otra cumbre que ha querido alcanzar para ellas en el 90 aniversario de la hazaña. María Isabel Pérez Pérez llegó a la cima de 2.519 metros el 31 de julio de 1935 y Teófila Gao Pérez, el 8 de agosto. Se las imagina bajando corriendo "para hacer la cena».

—¿Cómo conoció la historia de las Cainejas?

—Cuando empecé no tenía ni idea sobre su existencia. Las conocí por la suerte de escalar con personas ilustradas que no solo se dedican al deporte, sino que les interesa la historia de su deporte. Isidoro Rodríguez Cubillas fue la primera persona que me habló de las Cainejas y de su proeza.

—¿Qué suponen en su vida?

—Un referente y una fuente de inspiración continua. Cuando estoy subiendo por las paredes del Naranjo, digo: ‘¿De qué te quejas, Ana, que tú lo tienes todo hecho? ¿Cómo lo harían estas mujeres?’.

—¿Es el mensaje a las nuevas generaciones de este homenaje?

—Con este homenaje queremos que las nuevas generaciones y en particular las mujeres sepan que con voluntad, firmeza e insistiendo en lo que quieres, se puede lograr. Los límites, a veces, nos reducen mucho. Con una mente abierta, con un objetivo bien claro y una pasión, se pueden conseguir muchísimas cosas.

—Ha destacado que subieron sin cuerdas y vistiendo faldas. ¿Es lo que más le ha marcado de ellas?

—Sí, porque estas mujeres, dentro de sus actividades diarias, que eran casi infinitas y de sol a sol, no tenían la escalada, ni siquiera la de la caza, porque eran los hombres iban de caza y es lo que daba más conocimiento del terreno.

—¿Por qué lo hicieron?

—Porque su abuelo, el Cainejo, fue el primero que subió y le cambió la vida. El hecho de haber subido con el marqués de Villaviciosa hace que le nombren guarda de la Reserva Nacional de Caza, y al menos ya tiene un sueldo pequeño. Luego la gente que iba a la reserva, de un nivel social mayor, de Madrid, de distintas partes de España, e incluso de fuera, de Europa, buscan al Cainejo para que les haga de guía. Solo las propinas que recibía era mucho más de lo que ellos podían imaginarse. Ellas hacen esta proeza pensando que les va a pasar algo igual, pero ser mujer y en un entorno rural las dejó en el olvido.

—Se cuenta que oyeron que iba a venir una extranjera subir el Urriellu y quisieron adelantarse.

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—Ese fue el detonante. La catalana Margot Moles, una de las deportistas más destacadas del primer tercio del siglo XX, tenía una estrecha relación con el Club de Montaña Peñalara de Madrid donde le animaron a que escalara el Naranjo de Bulnes. Es probable que Alfonso Martínez, guía principal del Peña Lara, llevara esta noticia a Caín. Esto impulsó a las jóvenes locales a intentar la escalada antes de que viniera una mujer de fuera.