Alipio García de Celis, doctor en Geografía: "En 60 años, en León, tendremos hasta 45-46ºC de temperatura máxima"
‘Veranos extremos y asilvestramiento del monte. Una nueva realidad desafiante’ es el título de la conferencia que ofrece esta tarde en la Fundación Sierra Pambley este doctor en Geografía de Murias de Paredes
Alipio García de Celis, doctor en Geografía y profesor jubilado de la Universidad de Valladolid.
Alipio García de Celis, doctor en Geografía, volvió a su pueblo natal, Murias de Paredes, tras jubilarse en la Universidad de Valladolid. Este miércoles a las 19.00 horas habla sobre ‘Veranos extremos y asilvestramiento del monte. Una nueva realidad desafiante’ en la Fundación Sierra Pambley invitado por el Ateneo Cultural Urbicum y la Coordinadora en Defensa del Territorio.
—¿Es posible saber con datos oficiales que los veranos de calor extremo van a ser la norma?
—Lo que hemos vivido este verano, desde finales de julio hasta el 17 de agosto, fue una ola de calor sin precedentes. Este verano hemos podido ya experimentar directamente cada uno lo que nos trae el cambio climático. Y efectivamente hay herramientas a disposición de cualquier persona, como el visor de escenarios de cambio climático que tiene el Ministerio de Transición Ecológica, que nos dan una información absolutamente precisa a nivel municipal. Me centraré en León capital.
—¿Cómo va a ser aquí?
—En León las temperaturas medias máximas aumentarán unos 6-7 grados de aquí a 60 años. Las mínimas van a ir subiendo y el número de días de helada pasará de unos 100 a apenas un mes en 60 años. La duración media de las olas de calor va a pasar de los 18, 19, 20 días a tres meses. El verano entero va a ser una ola de calor permanente y las temperaturas extremas, que ahora están en los 39-40 grados, para finales de este siglo tendremos que acostumbrarnos a 45 o 46 grados.
—Esto en León, no en un pueblo de Sevilla. ¿Solo queda la opción de adaptarse?
—Efectivamente, es irreversible. El cambio climático es un proceso a nivel global y para poder mitigarlo tendríamos que poner en marcha un conjunto de acciones radicales a nivel global y cambiar el modelo económico de sociedad. Dejar de emitir CO2 y reducir a cero las emisiones de dióxido de carbono, que es el principal causante de esto. Pero no solo no lo estamos haciendo, sino que de nuevo 2024 ha sido año récord en emisiones de CO2 a nivel global. El escenario al que vamos probablemente sea peor del que nos dicen las previsiones de los científicos, que suelen ser siempre prudentes.
Alipio García de Celis en uno de sus paseos por Omaña, donde reside.
—En Brasil se celebra la COP30, ¿Espera algo de esta nueva cumbre?
—No, en absoluto. Las conferencias de cambio climático a nivel global no han servido prácticamente para nada hasta ahora; si acaso, han servido para generar algo más de alarma social y de conciencia del problema que tenemos encima, pero no han conseguido el objetivo principal de reducción de emisiones de dióxido de carbono.
—Un cambio de modelo parece complicado. ¿Qué se puede hacer a otros niveles?
—El cambio de sistema económico depende de medidas globales. Con estas charlas quiero no olvidemos que lo que ha ocurrido este verano no ha sido una cosa de mala suerte puntual. Con los veranos que nos vienen, el problema de los incendios y el estado de abandono en el que están nuestros territorios rurales en general, el problema va a volver el año que viene, el siguiente, el siguiente, y si no hacemos nada, se nos acaba quemando la cordillera Cantábrica entera y los montes de León enteros.
«Hasta la década de los noventa, el 90% de los incendios eran provocados por el ser humano; este verano, en León, el 70% fueron provocados por la naturaleza"
—¿Qué propone?
—La administración autonómica es la que tiene las competencias en extinción y en prevención de incendios. Y puede hacer muchísimo. Como experto en ordenación del territorio, a nivel municipal propongo empezar a hacer acciones de protección de las poblaciones, porque ahora mismo el riesgo de incendio llega hasta el borde mismo de los pueblos. De hecho, este verano, han ardido pueblos enteros y han muerto personas. A escala local se pueden limpiar los 100 metros desde las casas más externas del pueblo hacia el monte y lo es urgente hacer algo de ordenación de los montes que a raíz del abandono de las actividades tradicionales en los años 60 se han asilvestrado y ha dado lugar a una continuidad total y absoluta, sin rupturas de ningún tipo, de un tapiz de matorral, piornales, escobonales, jarales, brezales y bosques. Donde hay bosques maduros, no hay problema. Nuestros árboles autóctonos arden mal. El problema son las plantaciones de pinos que se hicieron en la segunda mitad del siglo XX y estos matorrales porque arden muy bien. Y más con las condiciones extremas de los veranos que nos vienen. Hay fotografías magníficas que habéis publicado en el Diario de León este verano donde se ve muy bien cómo ha habido pueblos en el Caurel que se han salvado del fuego precisamente por estar rodeados de un bosque de castaños. Nuestro bosque autóctono nos protege de este problema que se nos viene encima. Y ahí podemos hacer mucho en abrir franjas de separación.
—¿Cortafuegos?
Alipio García de Celis, haciendo trabajo de campo.
—No son cortafuegos al estilo tradicional de una pista de 20 metros de ancho de tierra desnuda. Tenemos que abrir franjas de separación de 60, 70, 80, 100 metros, que separen la masa de matorral de los bosques que se están regenerando, para que en esa franja haya pasto y lo aprovechen nuestros ganaderos. El fuego que arde en ese pasto no tiene nada que ver con el fuego del matorral: es mucho más bajo, mucho más controlable, donde una brigada de extinción de incendios se puede meter en condiciones de seguridad, hacer contra fuegos, etcétera, etcétera.
—Los ayuntamientos, ¿pueden asumir la responsabilidad sin medios?
—Tienen que exigir a las administraciones de más nivel, la administración autonómica y la administración la central, que empiecen a ponerse en marcha, solicitar planes de reforestación con especies autóctonas y la apertura de estas franjas de separación en las masas de matorral. Llevo hablando de cambio climático desde hace 20 años y este verano he visto clarísimamente que estamos ante un cambio de modelo explicativo de los incendios. El 70% de los fuegos que se produjeron este verano en la provincia de León los provocó la propia naturaleza. La ola de calor preparó el terreno y la misma ola de calor provocó unas tormentas secas con relámpagos que generaron los rayos. Hasta mediados de los años 90, el 90% de los incendios eran provocados por el ser humano. En mi opinión es el problema número uno de nuestra Montaña de León, Montes de León y Montaña del Bierzo. Hay todo un trabajo vecinal que tenemos que empezar a hacer porque nos va literalmente la vida en ello. Hay que cambiar de actitud y exigir a la administración que tiene las competencias más y mejores medios de extinción, más y mejores medios de prevención, en condiciones laborales dignas todo el año.
—La despoblación complica la organización vecinal.
—Efectivamente, la despoblación viene a multiplicar o agravar todavía más el problema. La gente que quedamos tenemos una edad y una de nuestras principales preocupaciones es la salud. Pero es que a veces ni nos quejamos. Hoy nadie quiere venirse a vivir a un pueblo, somos cuatro locos nada más los que hemos apostado por vivir en los pueblos, pero necesitamos más gente trabajando, contratada en condiciones laborales dignas todo el año, vivan o no vivan en el pueblo.
—El incendio de Fasgar, en Omaña, fue uno de los que más tardó en ser extinguido. ¿Es cierto que se debió a que el fuego se propagaba por las raíces de los piornales y brezales?
—Las condiciones de temperatura y sequedad han sido tan extremas, que ha ardido suelo y raíces en muchos sitios. En Fasgar fue así en parte, pero principalmente porque se incendiaron unos valles perdidos, extensísimos, entre Fasgar e Igüeña, donde no hay «nada», y lo dejaron arder hasta que se apagase solo.