Crónica negra de una 'aventura': los gemelos gijoneses secuestrados que fueron encontrados en una pensión de León
Tras un mes de gran vida, lujo y sospechas de pecado, la Guardia Civil interceptó en la capital leonesa a los adolescentes fugados con un peligroso convicto

El otoño de 1966 quedará marcado en la crónica negra y social por la desaparición de dos hermanos gemelos de 14 años, cuyo rastro se perdió en Gijón y fue recuperado finalmente en tierras leonesas. La alarma saltó el 5 de octubre, cuando los adolescentes abandonaron el hogar familiar, sumiendo a sus padres en una profunda angustia. La investigación posterior reveló que los jóvenes habían sido captados en la playa de Luanco por un individuo de 25 años, identificado como José María Domínguez Manteca, quien contaba con un turbio historial delictivo y apenas llevaba un año fuera de los talleres penitenciarios de Alcalá de Henares.
La aventura, que mantuvo en vilo a la opinión pública de la época, transcurrió a bordo de un SEAT 600 de procedencia dudosa. Durante semanas, el captor y los dos menores recorrieron diversos puntos de la geografía española, incluyendo Madrid, disfrutando de un ritmo de vida inusual y sin escatimar en gastos. A pesar de los antecedentes de Domínguez Manteca, señalado por la prensa de aquel entonces como un delincuente habitual de "conducta inmoral" y vinculado a delitos de robo y contrabando en Francia, los gemelos manifestaron una sorprendente fascinación por su acompañante, con quien incluso planeaban instalarse de forma permanente en un piso.
El periplo nacional de este singular trío encontró su punto final a mediados de noviembre en León. Fue en una pensión de la capital leonesa donde los agentes de la Guardia Civil lograron interceptar al sospechoso y poner a salvo a los dos hermanos. La intervención policial cortó en seco las pretensiones de aquel hombre cuyas verdaderas intenciones nunca llegaron a aclararse del todo, en un tiempo donde los delitos contra menores no se nombraban con la crudeza actual pero ya sobrevolaban los expedientes policiales bajo eufemismos morales.
Tras ser localizados en León, los adolescentes protagonizaron diversas portadas en los medios de comunicación, llegando a conceder entrevistas y posar para fotografías que hoy resultarían impensables por su condición de menores. Finalmente, y tras el revuelo causado por su peripecia en el utilitario, los gemelos fueron restituidos a su entorno familiar, poniendo fin a una fuga que mezcló la ingenuidad juvenil con la peligrosidad de un sujeto que volvió a dar con sus huesos en el calabozo tras su paso por la ciudad del Bernesga.
La capital leonesa fue el refugio final para este extraño trío que recorrió media España a bordo de un SEAT 600 de dudosa procedencia. Mientras los padres de los menores se consumían en la angustia, los gemelos disfrutaban de una libertad peligrosa bajo el ala de un sujeto que la prensa de la época no duda en calificar de perverso. La aventura, que incluía planes de los chicos para mudarse definitivamente con su captor a un piso, se estrelló contra el muro de la Benemérita en León, dejando tras de sí un rastro de incógnitas sobre las verdaderas y oscuras intenciones del detenido.
Concretamente, su aventura terminó a mediados de noviembre de 1966, tras haber pasado aproximadamente un mes y diez días en paradero desconocido (desde el 5 de octubre de aquel año). La Guardia Civil les siguió la pista por media España hasta dar con ellos en la pensión de León, poniendo fin al periplo antes de que terminara el año.