Lola Lobejón, 105 años de una vida corriente y "sin enfermar" en León
La supercentenaria leonesa, que trató a Victoriano Crémer y a Vela Zanetti, goza de salud física y mental envidiables: hace la comida y sale a la compra a diario

Lola, en el centro, junto a su hija Socorro, sus sobrinas Lola y Cuca y Gabriel y Paco.
Lola Lobejón Gil ha llegado a los 105 años sin conocer la enfermedad. «He trabajado, he sufrido, he estado bien y mal y nunca he estado enferma». Así resume el secreto de su longevidad esta leonesa que nació en Villarramiel (Palencia), «el pueblo de los pellejeros», un 13 de marzo de 1921. Su padre se convirtió en un reputado peletero que viajó por España, desde Navarra a Soria y desde Barcelona a León. «En la Tenería Moderna Franco-Española de Barcelona fue el número uno», recalca. Finalmente, la familia, de cinco hermanos, se asentó en León.
Lola era la penúltima de la saga y la única que sobrevive. Está como una rosa. «He sido una mujer de casa, trabajé con mi madre y a los 20 años me casé». Su marido, Cipriano Colino, natural de Algadefe, tenía 24. Había entrado a trabajar en la Cooperativa Farmacéutica de León con apenas 15 años y su vida laboral se prolongó en el mismo lugar durante 54 años, como jefe de almacén y jefe de compras.
Lola fue a la escuela en la calle Fernández Cadórniga y toda su vida, excepto los primeros años, ha transcurrido en León. «Tengo cariño a León, porque aquí he tenido siempre a la familia», apostilla. La supercentenaria leonesa, viuda desde hace años, vive con su hija Socorro, de 75, y está muy activa.
Hace la comida, sale a la compra cada día, va a la farmacia de la calle La Rúa o al banco por su propio pie.
No necesita ayuda para arreglarse y vestirse. Un lujo de autonomía para un siglo y un lustro a las espaldas de esta leonesa que aún recuerda a las pesetas cuando va a pagar con euros.
En su memoria guarda recuerdos de vecinos ilustres como Victoriano Crémer, el célebre columnista de Diario de León, o el pintor Vela Zanetti. «Éramos vecinos. Victoriano era un hombre muy inteligente, majo y buena persona aunque era de la idea contrario y lo tuvieron en la cárcel», señala. De Vela Zanetti apunta que era el «hijo de Nicostrato Vela, un pintor número 1 y un señorito muy educado», apostilla.
Para celebrar los 105 años, Lola comió con la familia, sus sobrinos Lola, Cuca, Gabriel y Paco, en un restaurante de la capital, el recién reinaugurado Zuloaga Ezequiel, que les obsequiaron con champán como colofón a un apetitoso menú. «Tengo pena por los que se me han muerto», dijo al recordar a su marido y a sus hermanos.
A los jóvenes solo les recomienda una cosa: «Que sean formales y se conduzcan bien en la vida». La cumpleañera lucía una banda morada y dorada con la felicitación por sus 105 años como un galón que no está al alcance de cualquiera.
Aunque ya sean casi 400 personas las que superan el centenario en la provincia de León, no es fácil llegar con la salud física y mental que tiene Lola. Una ama de casa leonesa «corriente» con una vida extraordinaria.