Diario de León

¿Cada vez ves menos gorriones por las calles de León? La ciencia te lo explica

La pérdida de biodiversidad urbana responde a una combinación crítica de falta de alimento adecuado, contaminación electromagnética y el fenómeno de las fachadas modernas sin cavidades

EFE

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León

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Caminar por el centro de las grandes urbes ya no suena igual que hace un par de décadas. Lo que parece una percepción nostálgica es, en realidad, un hecho respaldado por datos ornitológicos: las poblaciones de aves comunes, especialmente el gorrión passer domesticus, han caído más de un 60% en algunas capitales europeas. Los científicos señalan que no existe una única causa, sino un "cóctel de estrés urbano" que está expulsando a estas especies de su hábitat tradicional junto al ser humano.

Uno de los factores principales es la malnutrición infantil de las aves. Aunque vemos a los pájaros comer migas de pan o restos de bollería, estos alimentos carecen de las proteínas necesarias para el desarrollo de los polluelos. Durante la época de cría, las aves necesitan insectos, pero el uso excesivo de pesticidas en parques y la escasez de plantas autóctonas han provocado un desierto de invertebrados. Sin una dieta insectívora en sus primeras semanas de vida, la tasa de supervivencia de las nidadas se ha desplomado de forma alarmante.

La arquitectura moderna también juega un papel determinante en esta desaparición silenciosa. Los edificios de cristal y acero, con superficies lisas y selladas, eliminan los huecos, grietas y aleros donde estas aves solían anidar. Al rehabilitar barrios antiguos bajo criterios de eficiencia energética, se cierran involuntariamente las cavidades que servían de refugio. Sin lugares seguros para reproducirse y protegidos de depredadores o del clima extremo, las colonias se ven obligadas a desplazarse hacia la periferia o mueren sin dejar descendencia.

Por último, la comunidad científica investiga el impacto de factores invisibles como la contaminación acústica y lumínica. El ruido constante de las ciudades obliga a las aves a cambiar la frecuencia de su canto o a cantar en momentos inadecuados, lo que dificulta el apareamiento y la defensa del territorio. Además, estudios recientes sugieren que la contaminación electromagnética y la mala calidad del aire en los núcleos urbanos afectan al sistema inmunológico de los pájaros, haciéndolos más vulnerables a enfermedades que antes superaban con facilidad.

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