OTRA MIRADA

Edificios emblemáticos de León: la iglesia de San Antonio de Padua

Avda.de Portugal, número 1 .Ovidio Prieto, 2024

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León, mayo de 1957. Juan Torbado Franco, a la sazón Arquitecto Diocesano, firmó el proyecto para la construcción de una iglesia, hoy convertida en parroquia bajo la advocación de San Antonio de Padua, por encargo de Elsa Beinhorn Weiland, Vda. de Don Miguel Antonio Díaz Gutiérrez Canseco (prohombre leonés natural de Busdongo, abogado por Deusto, fundador del Banco Urquijo y de la Cultural y Deportiva Leonesa, Presidente de la Diputación, destacado político de la Unión Patriótica en la Dictadura de Primo de Rivera, etc.) en una parcela del llamado Barrio de Canseco, entonces municipio de Armunia. 

Torbado dirigió las obras con Antonio Miguélez como aparejador. Trazó un templo rectangular de una sola nave y lo levantó, orientado norte-sur, con muros de ladrillo en seis grandes arcos apuntados y sucesivos bajo una cubierta «a la molinera». Dispuso la entrada en el hastial norte bajo una imagen de San Miguel Arcángel a través de un atractivo pórtico abierto con lámina de hormigón alabeada ¡hoy lamentablemente eliminado! que protegía las puertas de entrada a un vestíbulo con dos accesos laterales y otro central para grandes solemnidades. Al fondo, el presbiterio y la sacristía que finalmente situó en el exterior adosada a la nave. Al oeste, cuatro grandes vidrieras con los doce evangelistas contribuyen a crear un ambiente espiritual sobrio. 

A sus pies, un pequeño coro, accesible por la escalera de caracol que baja a la cripta donde fueron inhumados los promotores del templo con su hija, y sube a la esbelta torre-campanario abalconada bajo un extravagante casquete de faldones curvos, referencia visual en el entorno. 

Avda.de Portugal, número 1 .Ovidio Prieto, 2024

En la Memoria del Proyecto, Torbado nos decía que «había procurado una construcción sencilla y clara a fin de que no solamente resulte mejor para los actos del culto Divino, sino mirando a la economía». Hoy, aunque mutilada, la iglesia conserva una notable dignidad arquitectónica y un importante valor como ejemplo de renovación de la arquitectura sacra de posguerra.

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