Diario de León

Qué pasó en León el 18 de julio 1936... y por qué se sigue hablando de la Guerra Civil

Se cumplen 90 años del golpe de Franco que desembocó en una guerra civil y una dictadura. Durante décadas se dijo que «en León no hubo guerra». La investigación histórica y memorialista ha destapado en las últimas décadas la gran ‘prisión’ y el río de sangre que corrió por la represión y el papel decisivo de la derrota del Frente Norte en el triunfo de los sublevados.

Los últimos documentos que han entrado en el Archivo Histórico Provincial de León del campo de concentración de San Marcos, roídos por los ratones y hallados durante la restauración de la sillería.

Los últimos documentos que han entrado en el Archivo Histórico Provincial de León del campo de concentración de San Marcos, roídos por los ratones y hallados durante la restauración de la sillería.ahp León

Ana Gaitero
León

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Durante las obras de restauración de la sillería de San Marcos la carcoma obligó a levantar la obra de madera. La sorpresa fue mayúscula. Los ratones habían hecho sus nidos con documentos variopintos de la época en que el actual parador fue campo de concentración, entre 1936 y 1941.

Meses después, el hallazgo fue comunicado a la comisión territorial de Patrimonio, donde la directora del Archivo Histórico Provincial advirtió a Tourespaña de la obligación de entregar los documentos a esta institución.

Fichas de falangistas, cartas de batallones de requetés, listados con nombres, apellidos y procedencia mezclados con revistas alemanas y españolas, manuales y catecismos. La esperanza de encontrar los archivos de los expedientes de prisioneros se desvaneció, aunque los documentos siguen en investigación.

San Marcos, uno de los epicentros de la guerra en León, aún está lleno de incógnitas. León despertó el 18 de julio de 1936 con la noticia de la sublevación militar en África. A última hora de la tarde se oyeron los primeros disparos en la capital. Era el comienzo de una guerra que se terminaría en 1939 y de una dictadura que se empezaría a extinguir en 1975, con la muerte de Franco.

La Guerra de España, como se refiere ahora la historia a la Guerra Civil, tuvo en el Noroeste un cariz especial y León estuvo en el centro de este conflicto que ni siquiera acabó con la IIª Guerra Mundial, pues se prolongó hasta los años 50 en los montes con las guerrillas antifranquistas.

«En León capital el golpe contra el régimen democráticamente establecido triunfó rápidamente, aunque la llegada de 5.000 mineros asturianos retrasaría hasta el 20 de julio la declaración de guerra de los militares rebeldes», explica Javier Rodríguez, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de León que desde su tesis doctoral investiga la Guerra Civil y el franquismo.

El 19 de julio, el gobernador civil, Emilio Francés, se negó a armar a los obreros locales aunque, tras una tensa negociación, accedió a entregar algunas armas de dudosa eficacia a los mineros asturianos que, de esta forma, salieron de León y se dirigieron hacia Madrid, convencidos de que iban a apoyar al gobierno de la República. En Benavente se dieron la vuelta al conocer la treta del general Aranda, que en realidad estaba de parte de los sublevados.

El 20 de julio, una vez que los asturianos se marcharon, los militares rebeldes declararon el estado de guerra, ocuparon puntos estratégicos (como el Ayuntamiento y la Telefónica) y arrestaron a las principales autoridades republicanas locales, aplastando la resistencia esa misma noche.

En las comarcas agrarias de La Cabrera, Páramo, Tierra de Campos y en Astorga el control rebelde se estableció rápidamente sin apenas resistencia.

El Bierzo y Laciana eran zonas mineras con fuerte presencia sindical. Aunque los obreros resistieron y cercaron el cuartel de la Guardia Civil de Ponferrada, la llegada el 21 de julio de una columna militar de Lugo con apoyo de la aviación quebró la resistencia republicana.

De esta manera, la provincia leonesa queda dividida desde el verano de 1936 hasta octubre de 1937 cuando cae el Frente Norte. La franja desde Riaño a La Robla, Babia y Villablino hacia el norte queda en manos republicanas.

«La defensa republicana dependía por completo de Asturias. Militarmente se estructuró a través del III Cuerpo de Ejército y, posteriormente, con la creación de la 6ª División al mando del capitán Rodríguez Calleja. Aunque lanzaron varias contraofensivas hacia La Robla y cercanías de León, no lograron consolidar sus avances», explica Rodríguez.

En marzo de 1937, Franco suspende el ataque directo a Madrid para concentrar sus recursos (incluida la Legión Cóndor y tropas italianas) en el norte, debido a la riqueza industrial, minera y de carbón de estas regiones.

«La derrota del Frente Norte fue decisiva para el triunfo de los rebeldes», asegura Javier Rodríguez. La defensa republicana estaba fragmentada por intereses regionales y políticos. El País Vasco, demócrata y católico, chocaba con el modelo socializante y revolucionario de Asturias, lo que unido al aislamiento geográfico propició el «cantonalismo» y retrasó la unificación y profesionalización de las milicias.

El 19 de junio de 1937 cayó Bilbao con su industria intacta. Esto provocó cambios en el mando republicano, que lo asume el general Gámir Ulibarri. La resistencia y una contraofensiva que retrasó la toma de Santander, no frenó a la ofensiva franquista que avanzó de forma imparable de este a oeste.

«El interior de España cayó rápidamente en manos franquistas y quedaba el norte con una importancia a nivel industrial y minera. Una vez que triunfaron, ya dispusieron del pasillo para conectar con el Mediterráneo», dice Rodríguez.

Franco sumó a su potencial agrario (el trigo y ganadería leoneses) la rica producción minera, metalúrgica y de carbón del norte, lo que mejoró su capacidad de negociación económica con Alemania y Gran Bretaña.

Una vez terminada la guerra, en 1939, el noroeste se convierte en una zona estratégica para los países en contienda en la II Guerra Mundial. El espionaje para el control de los recursos como el wolframio, mineral clave en la fabricación de armamento, es desplegado por nazis y aliados en el tablero del noroeste.

¿Por qué hay que seguir hablando de la Guerra de España 90 años después del golpe de Franco? Los estudiosos lo tienen claro. «Es cierto que el tema genera controversia y parece que 90 años es mucho pero es muy reciente para la historia contemporánea: Somos herederos de ese régimen, no de la Ilustración y es necesario estudiar las épocas más cercanas para aprender la defensa de los derechos humanos», subraya el profesor.

Fragmento de uno de los documentos encontrados en San Marcos durante las obras de restauración de la sillería.

Fragmento de uno de los documentos encontrados en San Marcos durante las obras de restauración de la sillería.AHP LEÓN

Entre las asignaturas pendientes, Rodríguez menciona el acceso total a archivos clave y la enseñanza de este periodo en Secundaria y Bachillerato. Son muchas las lagunas que quedan por llenar con datos.

En León capital, la Casa del Pueblo y San Marcos fueron el último reducto de la República. La ciudad mudó en tres días y enmudeció casi 40 años. El cuartel del Cid y la Diputación fueron los escenarios de los consejos de guerra.

Los «paseos» extrajudiciales y las ejecuciones de la «última pena» multiplicaron un terror silencioso, aunque los disparos sobre el paredón natural de los cantiles de La Candamia, en Puente Castro, no dejaban dormir ni a los niños. Fueron asesinados los alcaldes de León, Ponferrada, Astorga, Mansilla... el presidente de la Diputación, el gobernador civil y hasta más de un millar de personas tan solo en la capital.

Frecuentemente se oye decir que «en León no hubo guerra», pero la provincia se convirtió en una gran prisión con San Marcos y sus satélites como epicentros de la represión. Astorga, Ponferrada, Villafranca del Bierzo... las cárceles se atestaron de presos políticos.

Correspondencia de requetés que los ratones usaron para hacer su nido en el subsuelo de San Marcos.

Correspondencia de requetés que los ratones usaron para hacer su nido en el subsuelo de San Marcos.AHP LEÓN

San Marcos se convirtió en uno de los más de 180 campos de concentración estables o provisionales que funcionaron desde el triunfo de Franco. Se calcula que al menos 10.000 personas, leoneses y de diferentes partes del país, fueron prisioneros del que se considera uno de los campos más crueles por las torturas, el hacinamiento y la falta de higiene.

Se han encontrado listas de altas y bajas de prisioneros de forma parcial. El Gobierno Civil de León remitió a Cruz Roja Española, en septiembre de 1937, un listado de más de 600 presos y detenidos en el campo de concentración. No era la primera, como se desprende del encabezamiento del documento, localizado por la ARMH: «Relación de las bajas habidas en las distintas prisiones de la provincia, desde la última remitida hasta la fecha».

Los expedientes de los prisioneros de San Marcos son uno de los grandes misterios de este capítulo de la historia. «Andamos detrás de estos documentos desde hace tiempo», admite la directora del Archivo Histórico Provincial de León, Eva Merino. Uno de los últimos que queda por abrir es el de la Guardia Civil, cuerpo del que dependió el campo. Queda la esperanza de que no los comieran los ratones.

Más de 30.000 legajos que no se comieron los ratones

Reconstruir el alcance de la represión franquista en León es el objetivo de la plataforma humanredhis.es promovids por los grupos de investigación Hismecon e Indetehi de la Universidad de León, con el apoyo del Archivo Histórico Provincial de León. Más de 4.000 fichas están depositadas en este portal en línea. Además, la digitalización de los fondos del AHP de León hace posible acceder, a través de Siega, a un total 453 expedientes de responsabilidades políticas, fechados entre 1936 y 1962; 734 expedientes de incautación de bienes y responsabilidad civil, del período 1936-1945 y hasta 28.619 expedientes personales de internos, fechados entre 1920 y 1963 de las prisiones de León, Astorga, Ponferrada, La Bañeza, Villafranca del Bierzo y Valencia de Don Juan, además de las preventivas de Riaño y La Vecilla. Quedan pendientes de digitalizar los expedientes de peligrosidad y rehabilitación social, claves para estudiar la represión, y recientemente se ha incorporado el archivo privado Arias Navarro.
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